
Ji-Hoon caminaba rápidamente hacia una importante entrevista de trabajo. Llevaba semanas esperando aquella oportunidad. Frente al edificio de la empresa vio a un anciano sentado en la acera. El hombre tenía la ropa vieja y parecía completamente agotado. Cuando Ji-Hoon pasó junto a él, el anciano levantó la mano. —Joven, por favor, ¿puede ayudarme? Ji-Hoon siguió caminando. —Lo siento, no tengo tiempo. El anciano volvió a llamarlo. —Solo necesito un poco de ayuda. Ji-Hoon se detuvo molesto. —¡Ya le dije que no puedo! El anciano respondió con tranquilidad. —No le estoy pidiendo mucho. —¡Estoy buscando trabajo y voy tarde! —Solo necesito dinero para una medicina. Ji-Hoon lo miró con desprecio. —¡Entonces vaya a trabajar! El anciano bajó la cabeza. —Si pudiera trabajar, no estaría sentado aquí. Ji-Hoon respondió furioso. —¡Ese no es mi problema! El anciano levantó la mirada. —Algún día puede necesitar ayuda usted también. Ji-Hoon se acercó amenazante. —¡No me dé lecciones! El anciano respondió: —Solo estoy intentando salvar una vida. Ji-Hoon se dio la vuelta. Pero el anciano volvió a llamarlo. —¡Por favor, espere!
Capítulo 2: La humillación
Ji-Hoon se giró completamente enfurecido. —¡¿Qué quiere ahora?! El anciano respondió: —Necesito comprar una medicina antes de que cierre la farmacia. Ji-Hoon soltó una risa amarga. —¡Siempre tienen una historia! El anciano se quedó en silencio. —¡Primero comida, después dinero y ahora medicinas! El anciano respondió: —No estoy mintiendo. —¡Entonces demuéstrelo! —No tengo nada que demostrarle. Ji-Hoon se acercó todavía más. —¡Mírese! ¡Ni siquiera puede cuidarse usted mismo! El anciano apretó los labios. —No vuelva a hablarme así. Ji-Hoon respondió: —¡¿Y qué va a hacer?! El anciano levantó la voz. —¡Tengo tanta dignidad como usted! Ji-Hoon perdió el control. —¡Déjeme pasar! El anciano respondió: —¡No hasta que me escuche! Ji-Hoon levantó la mano y le dio una bofetada. El anciano retrocedió sorprendido. En ese momento, una empleada de la empresa salió del edificio. —¡¿Qué acaba de hacer?! Ji-Hoon respondió desesperado: —¡Él me estaba provocando! La empleada miró al anciano. —¿Está herido? El anciano negó con la cabeza. —No. Ji-Hoon intentó marcharse. Pero la empleada lo detuvo.
Capítulo 3: La verdad
—¡Espere! ¿Por qué estaba discutiendo con él? Ji-Hoon respondió: —¡Me estaba pidiendo dinero! La empleada miró al anciano. —¿Para qué? El anciano tardó unos segundos en responder. —Para comprar una medicina. Ji-Hoon volvió a burlarse. —¡Otra vez con la misma historia! La empleada lo miró seriamente. —Déjelo hablar. El anciano respiró profundamente. —No es para mí. Ji-Hoon dejó de sonreír. —¿Entonces para quién? El anciano respondió: —Para mi nieto. La empleada preguntó: —¿Qué le pasa? —Está muy enfermo. Ji-Hoon permaneció callado. El anciano continuó: —Los médicos dijeron que necesita esa medicina urgentemente. La empleada preguntó: —¿Y sus padres? El anciano bajó la mirada. —Murieron hace dos años. Ji-Hoon quedó completamente sorprendido. —Yo soy la única persona que tiene. El anciano comenzó a llorar. —Esta mañana me dijeron que si no conseguía la medicina, podía empeorar. La empleada preguntó: —¿Cuánto cuesta? El anciano respondió: —Mucho más de lo que tengo. Ji-Hoon preguntó: —¿Y por eso estaba pidiendo dinero? —Sí. —¿Y si no la consigue? El anciano respondió: —Mi nieto podría morir.
Capítulo 4: El robo
La empleada miró a Ji-Hoon. —Ahora entiendes por qué estaba desesperado. Ji-Hoon bajó la cabeza. El anciano continuó hablando. —Intenté conseguir trabajo esta mañana. —¿Y qué pasó? —Me rechazaron por mi edad. La empleada apretó los labios. —Después fui a pedir ayuda. —¿Y nadie quiso ayudarlo? —Nadie. Ji-Hoon preguntó: —Entonces ¿qué hizo? El anciano respondió con vergüenza: —Hice algo que nunca pensé hacer. La empleada preguntó: —¿Qué hizo? El anciano bajó la mirada. —Robé la medicina. Ji-Hoon levantó los ojos sorprendido. —¿La robó? El anciano asintió. —Sí. —¿Por qué? El anciano comenzó a llorar. —Porque era la única manera de llevarla a mi nieto. La empleada preguntó: —¿Y qué ocurrió después? —Me descubrieron. Ji-Hoon se quedó en silencio. —Me quitaron la medicina y me echaron. La empleada preguntó: —¿Dónde está ahora su nieto? —Solo en casa. —¿Y cuánto tiempo tiene? El anciano respondió: —Muy poco. Ji-Hoon sintió un enorme remordimiento. Recordó la bofetada y todas las palabras crueles que le había dicho.
Capítulo 5: La oportunidad
Ji-Hoon se acercó lentamente al anciano. —Perdóneme. El anciano no respondió. —Lo juzgué sin conocer su historia. El anciano levantó la mirada. —Usted no tenía por qué creerme. Ji-Hoon respondió: —Pero tampoco tenía derecho a humillarlo. La empleada intervino: —Todavía podemos ayudar a su nieto. Ji-Hoon preguntó: —¿Cómo? —La empresa tiene un médico que puede orientarnos. El anciano negó con la cabeza. —No quiero causar problemas. Ji-Hoon respondió: —Usted no está causando problemas. —Pero robé esa medicina. —Porque estaba intentando salvar a su nieto. El anciano comenzó a llorar nuevamente. Ji-Hoon continuó: —Yo voy a ayudarlo a conseguirla. El anciano preguntó: —¿Por qué? —Porque hoy aprendí que una persona no vale menos por estar en la calle. La empleada sonrió ligeramente. —Y quizá todavía pueda reparar lo que hizo. Ji-Hoon miró al anciano. —Vamos a buscar esa medicina. El anciano preguntó: —¿De verdad? —Sí. Los tres comenzaron a caminar hacia la entrada de la empresa. Pero justo antes de entrar, la empleada recibió una llamada. Su expresión cambió completamente. —¿Qué ocurre? —preguntó Ji-Hoon. Ella miró al anciano y dijo: —Acaban de llamar del hospital. El anciano palideció. —¿Qué dijeron sobre mi nieto? La mujer guardó silencio unos segundos. Y entonces respondió: —Necesitan que lleguemos inmediatamente.