Un encuentro que nadie esperaba

La entrada de una de las empresas más importantes de Seúl estaba rodeada de vehículos de lujo, empleados con trajes elegantes y personas que esperaban poder hablar con el dueño de la compañía. Kang-min, un empresario millonario conocido por su carácter frío, salió del edificio acompañado por dos asistentes. Vestía un traje impecable y hablaba por teléfono mientras caminaba hacia su automóvil. Todo parecía normal hasta que, entre las personas que estaban en la acera, apareció un niño de aproximadamente ocho años. El pequeño llevaba ropa vieja, zapatos gastados y sostenía una fotografía doblada entre sus manos. Al ver a Kang-min, se quedó completamente paralizado. Lo miró durante varios segundos y luego comenzó a correr hacia él. “¡Papá!”. Todos los empleados se quedaron sorprendidos. Kang-min se detuvo y miró al niño con una expresión de incredulidad. “¿Qué dijiste?”. El niño volvió a gritar: “¡Papá!”. Kang-min inmediatamente levantó la voz. “¡Yo no soy tu padre!”. El niño se acercó llorando. “Sí eres tú. Yo te conozco”. Uno de los guardias intentó detenerlo, pero el niño se soltó y volvió a acercarse. Kang-min lo apartó con la mano. “¡Aléjate de mí!”. El pequeño cayó sentado en el suelo. Algunas personas comenzaron a murmurar. El niño se levantó con lágrimas en los ojos y preguntó: “¿Por qué dices que no soy tu hijo?”. Kang-min respondió furioso: “Porque nunca he tenido un hijo como tú”. Aquellas palabras hicieron que el niño bajara la cabeza. Pero después apretó la fotografía que llevaba en la mano y dijo: “Mi mamá me dijo que algún día te encontraría”. Kang-min cambió de expresión. “¿Quién es tu madre?”. El niño lo miró fijamente. “La mujer que tú abandonaste”.

“Tú no puedes ser mi hijo”

El millonario negó conocer al niño

Kang-min miró alrededor y se dio cuenta de que todos sus empleados estaban observando la escena. Se acercó al niño y le dijo en voz baja: “No vuelvas a decir esas cosas delante de mi gente”. El niño respondió: “Pero es la verdad”. Kang-min perdió la paciencia. “¡No sabes nada de mí!”. El niño comenzó a llorar. “¡Sí sé! Mamá tenía una fotografía tuya. Me decía que tú eras mi papá y que algún día regresarías”. Kang-min negó con la cabeza. “Tu madre te engañó”. El niño respondió inmediatamente: “¡Ella nunca me mintió!”. La discusión comenzó a llamar la atención de más personas. Uno de los empleados le pidió a Kang-min que se calmara. Pero él estaba demasiado alterado. “Este niño está intentando aprovecharse de mí”. El pequeño quedó destrozado. “¡Yo no quiero tu dinero!”. Kang-min se quedó callado. El niño continuó: “No quiero tu casa ni tus carros. Solo quería conocer a mi papá”. Aquella frase hizo que incluso algunos empleados bajaran la mirada. Kang-min intentó marcharse, pero el niño corrió detrás de él. “¡Espera!”. El empresario se giró furioso. “¡Te dije que te alejaras!”. El niño sacó entonces la fotografía de su bolsillo. “Entonces dime quién es este hombre”. Kang-min miró la imagen y quedó completamente paralizado. Era una fotografía antigua en la que aparecía él mismo, muchos años atrás, junto a una mujer joven y un bebé. Uno de sus asistentes se acercó y también reconoció al empresario de la fotografía. “Señor… esa foto parece ser de antes de que usted se casara”. Kang-min le arrebató la fotografía al niño. “¿De dónde sacaste esto?”. El pequeño respondió: “Me la dejó mamá”. Kang-min preguntó: “¿Dónde está ella?”. El niño bajó la mirada. “Desapareció”.

La mujer que desapareció

Una historia que Kang-min creía enterrada

Kang-min llevó al niño a una oficina privada para evitar que los empleados siguieran escuchando. Cerró la puerta y colocó la fotografía sobre el escritorio. “Dime el nombre de tu madre”. El niño respondió: “Mi mamá se llamaba Soo-jin”. Kang-min sintió un golpe en el pecho. Hacía más de ocho años que no escuchaba aquel nombre. Soo-jin había sido una mujer con la que había mantenido una relación cuando todavía era joven y su empresa apenas comenzaba a crecer. Él siempre había creído que ella se había marchado voluntariamente. Después de una fuerte discusión, Soo-jin desapareció de su vida. Kang-min nunca volvió a verla. “¿Dónde está ahora?”, preguntó. El niño respondió: “No lo sé”. Kang-min se quedó mirando la fotografía. “¿Por qué dices que soy tu padre?”. El niño contestó: “Porque ella me lo dijo antes de desaparecer”. Kang-min intentó mantener la calma. “¿Cuándo desapareció?”. “Hace tres meses”. El empresario levantó la cabeza. “¿Y quién te cuidaba?”. “Una señora que conocía a mi mamá”. Kang-min preguntó dónde estaba esa mujer. El niño señaló hacia la ventana. “Está afuera”. Kang-min abrió la puerta y encontró a una mujer mayor esperando. Ella se presentó como la persona que había cuidado al niño durante los últimos años. “Su madre me pidió que lo protegiera”. Kang-min preguntó por qué nunca lo había buscado. La mujer respondió: “Porque Soo-jin me dijo que usted no debía saber que el niño existía”. Kang-min golpeó el escritorio con la mano. “¡Entonces todo esto es una mentira!”. La mujer negó con la cabeza. “No. Lo que le dijeron a usted hace ocho años fue la mentira”.

El secreto de la fotografía

Algo no coincidía con la historia que Kang-min conocía

La mujer mayor sacó otra fotografía. Era más antigua que la primera. En ella aparecía Soo-jin sosteniendo al niño cuando era un bebé. Kang-min observó la imagen y sintió que algo no encajaba. El niño tenía una pequeña marca detrás de la oreja. Kang-min recordó que él mismo tenía una marca idéntica desde su nacimiento. “¿Dónde nació?”, preguntó. La mujer respondió: “En una clínica privada”. Kang-min recordó inmediatamente que, años atrás, había recibido una llamada de una clínica diciendo que Soo-jin había tenido una emergencia. Sin embargo, cuando llegó, le dijeron que ella había abandonado el lugar. Nunca pudo comprobarlo. “¿Por qué me dijeron que ella se había ido?”, preguntó. La mujer respondió: “Porque alguien pagó para que usted creyera eso”. Kang-min quedó completamente inmóvil. “¿Quién?”. La mujer sacó un pequeño sobre. “Soo-jin me pidió que se lo entregara solamente si usted encontraba al niño”. Kang-min abrió el sobre. Dentro había una nota escrita a mano. Solo tenía unas pocas palabras: “Si algún día lo encuentras, no confíes en nadie de tu familia”. Kang-min levantó la mirada. “¿Qué significa esto?”. La mujer respondió: “Su madre descubrió algo antes de desaparecer”. Kang-min preguntó: “¿Qué descubrió?”. La mujer no quiso responder. El niño intervino: “Mamá decía que alguien quería quitarle a su hijo”. Kang-min comenzó a entender que la desaparición de Soo-jin podía estar relacionada con su propia familia.

La prueba

El niño tenía algo que nadie podía explicar

Kang-min decidió realizar una prueba de ADN. No quería seguir viviendo con dudas. Llevó al niño a un laboratorio privado y pidió absoluta confidencialidad. Durante los días siguientes, apenas podía dormir. Recordaba cada palabra que el pequeño le había dicho. Recordaba su rostro cuando lo rechazó frente a todos. Y sobre todo recordaba aquella fotografía. Cuando finalmente recibió los resultados, Kang-min abrió el sobre con las manos temblando. El informe mostraba una coincidencia genética que confirmaba que el niño era su hijo biológico. Kang-min se quedó sentado en silencio durante varios minutos. El hombre que había gritado que jamás había tenido un hijo acababa de descubrir que había rechazado a su propio hijo frente a decenas de personas. Buscó inmediatamente al niño. Lo encontró sentado en una pequeña habitación, esperando. Kang-min se acercó lentamente. “Hijo…”. El niño levantó la mirada. “¿Ahora sí soy tu hijo?”. Kang-min no pudo responder. Se arrodilló frente a él y comenzó a llorar. “Perdóname”. El niño no lo abrazó. “Tú dijiste que yo no era nadie”. Kang-min bajó la cabeza. “Estaba equivocado”. Entonces el niño sacó otra fotografía. “Mamá dijo que te diera esto si algún día descubrías la verdad”. Kang-min la tomó. Era una fotografía de él con Soo-jin y el niño. Pero en el reverso había una fecha y una frase que lo dejó completamente aterrorizado: “Si él descubre quién es realmente el responsable, estará en peligro”.

El hombre que sabía dónde estaba Soo-jin

La verdad apenas comenzaba

Kang-min comprendió que la prueba de ADN solamente había resuelto una parte del misterio. Ahora necesitaba encontrar a Soo-jin. Buscó todos los registros disponibles y descubrió que, poco antes de desaparecer, ella había retirado dinero de una cuenta que él nunca conoció. También había enviado documentos a un abogado. Kang-min siguió aquella pista hasta una pequeña oficina en las afueras de la ciudad. Allí encontró a un abogado que llevaba años guardando información sobre Soo-jin. El hombre le entregó una carpeta. “Ella sabía que algún día usted descubriría la verdad”. Kang-min preguntó: “¿Está viva?”. El abogado guardó silencio. “Necesito saberlo”. Finalmente respondió: “Sí”. Kang-min quedó paralizado. “¿Dónde está?”. El abogado señaló un documento. “No puedo decírselo todavía”. Kang-min perdió la paciencia. “¡Es la madre de mi hijo!”. El abogado respondió: “Precisamente por eso debe tener cuidado”. Luego le reveló que Soo-jin había estado escondida durante años porque alguien poderoso la estaba buscando. “¿Quién?”. El abogado miró hacia la puerta. “Alguien muy cercano a usted”. Kang-min sintió un escalofrío. En ese momento recibió una llamada de un número desconocido. Contestó. Una voz de mujer dijo: “Kang-min, si realmente encontraste a nuestro hijo, no confíes en tu hermano”. La llamada terminó. Kang-min miró al niño y comprendió que la historia era mucho más peligrosa de lo que había imaginado. Había encontrado a su hijo, pero ahora tenía que descubrir quién había obligado a Soo-jin a desaparecer y qué secreto escondía su propia familia.

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