La tarde estaba comenzando a caer sobre una de las zonas más elegantes de Seúl. Las calles estaban llenas de personas saliendo de sus trabajos, tiendas iluminadas y vehículos de lujo circulando lentamente. Entre la multitud caminaba Seo-yeon, una reconocida empresaria que acababa de salir de una reunión importante. A su lado iba su pequeña hija, Ha-na, una niña de apenas seis años que llevaba un pequeño bolso rosa y caminaba agarrada de la mano de su madre. Seo-yeon era una mujer acostumbrada a recibir respeto. Vestía elegantemente, llevaba un reloj costoso y todos los empleados de su empresa sabían que no toleraba que nadie cuestionara sus decisiones. Mientras caminaban, una anciana humilde que estaba sentada cerca de una tienda levantó la cabeza. Al ver a la niña, se quedó completamente inmóvil. Sus ojos se abrieron y comenzó a respirar con dificultad. La pequeña tenía unos rasgos que le resultaban demasiado familiares. La anciana se levantó lentamente y caminó hacia ellas. Seo-yeon apenas la miró, pero la mujer se acercó a la niña y, con una mano temblorosa, le tocó suavemente el brazo. “Perdóname, pequeña”, dijo emocionada. “Es que te pareces muchísimo a mi nieta”. La niña miró a su madre sin entender. Seo-yeon retiró inmediatamente a su hija. “No vuelva a tocarla”. La anciana retrocedió. “Lo siento, no quería asustarla. Es solo que… esa mirada, esa forma de sonreír…”. Seo-yeon la interrumpió. “¿Quién se cree usted para acercarse a mi hija?”. La anciana intentó explicar que no tenía malas intenciones. Pero Seo-yeon, llena de rabia, le dio una bofetada. La anciana cayó al suelo. Varias personas comenzaron a mirar. La niña quedó aterrorizada. “¡Mamá, ¿por qué hiciste eso?!”. Seo-yeon respondió: “Porque esa mujer te tocó sin permiso”. La anciana se llevó la mano al rostro, llorando. Entonces miró nuevamente a la niña y dijo: “Yo sé quién es esa niña”. Seo-yeon se quedó paralizada.
La fotografía
Una frase hizo que la empresaria cambiara de rostro
Seo-yeon tomó a su hija de la mano y quiso marcharse. “Vamos, Ha-na”. Pero la anciana levantó la voz. “¡Espere!”. Seo-yeon se detuvo. La anciana sacó de su bolso una fotografía vieja y gastada. “Mire esto”. Seo-yeon no quería acercarse, pero algo en la expresión de aquella mujer la hizo detenerse. La anciana sostuvo la fotografía con las dos manos. En ella aparecía una joven mujer sosteniendo a una bebé. “Esta era mi hija”, dijo. “Y esta era mi nieta”. Seo-yeon miró la fotografía y sintió un extraño escalofrío. La niña de la fotografía tenía una pequeña marca junto al cuello. Ha-na tenía exactamente la misma marca. Seo-yeon inmediatamente cubrió el cuello de su hija con la mano. “Eso no significa nada”. La anciana respondió: “También tenía esos mismos ojos”. Seo-yeon comenzó a ponerse nerviosa. “Mi hija nació en un hospital. Tengo todos sus documentos”. La anciana negó con la cabeza. “Yo también tenía documentos”. Después explicó que su nieta había desaparecido seis años atrás. La familia había buscado durante meses, pero nunca encontraron ninguna pista. “Me dijeron que había muerto”, dijo la anciana mientras lloraba. “Pero yo nunca lo creí”. Seo-yeon intentó marcharse otra vez. “No vuelva a acercarse a nosotros”. La anciana gritó: “¡Solo quiero saber la verdad!”. Ha-na miró a la anciana y preguntó: “¿Por qué dice que me parezco a su nieta?”. La mujer se quedó sin palabras. Miró a la niña como si estuviera viendo a alguien que llevaba años esperando. “Porque quizá tú seas ella”. Seo-yeon tomó a su hija y se marchó rápidamente. Pero mientras caminaba, no podía dejar de pensar en aquella fotografía.
El recuerdo que no encajaba
La empresaria comenzó a dudar de su propia historia
Esa noche, Seo-yeon llegó a su enorme casa y llevó a Ha-na directamente a su habitación. La niña preguntó varias veces por qué su madre había golpeado a aquella anciana. Seo-yeon no quiso responder. “Olvídate de esa mujer”. Pero cuando se quedó sola, abrió una caja que guardaba en lo más profundo de su armario. Dentro había documentos relacionados con el nacimiento de Ha-na. Seo-yeon los revisó uno por uno. Todo parecía estar en orden. Sin embargo, había algo que siempre había evitado recordar. Seis años atrás, ella había recibido una llamada mientras estaba en el hospital. Le habían dicho que una bebé había sido encontrada y que nadie había reclamado por ella. Seo-yeon, que acababa de perder a su esposo y estaba atravesando un momento terrible, había aceptado hacerse cargo de la niña. Según los documentos, la había adoptado legalmente poco después. Pero aquella noche, por primera vez, se preguntó si toda aquella historia era verdadera. Buscó el certificado original y encontró algo extraño. El documento tenía una fecha que no coincidía con la fecha que recordaba del día en que había recibido a Ha-na. Seo-yeon comenzó a temblar. Al día siguiente llamó al hospital donde se había realizado el proceso. Una empleada revisó los registros y le dijo: “Señora, aquí aparece algo que debería saber”. Seo-yeon preguntó qué era. “El registro original de la niña fue modificado”. Seo-yeon sintió que el corazón se le detenía. “¿Quién lo modificó?”. La empleada guardó silencio. “No tenemos esa información”. Seo-yeon colgó el teléfono y miró a su hija jugando en el jardín. Por primera vez, tuvo miedo de descubrir la verdad.
La mujer que sabía demasiado
La anciana no estaba buscando dinero
Mientras tanto, la anciana regresó al lugar donde solía quedarse. Vivía sola en una pequeña habitación y conservaba pocas pertenencias. Entre ellas tenía varias fotografías de su hija y de su nieta desaparecida. Durante años había buscado sin éxito. Aquella tarde, al ver a Ha-na, había sentido algo que no podía explicar. Pero no era solamente el parecido. Había reconocido una pequeña marca detrás de la oreja de la niña. Era una marca que su nieta tenía desde que nació. Al día siguiente, la anciana regresó al mismo lugar con una prueba de ADN que había conservado de un familiar cercano. No quería dinero ni quería perjudicar a Seo-yeon. Solo quería saber si aquella niña podía ser su nieta. Cuando Seo-yeon la vio nuevamente, se enfureció. “¡Le dije que se alejara de mi hija!”. La anciana respondió: “No quiero hacerle daño”. Seo-yeon gritó: “Entonces desaparezca”. La anciana sacó la fotografía. “Solo quiero que haga una prueba”. Seo-yeon rompió la fotografía de las manos de la anciana. “¡Basta!”. La mujer cayó nuevamente de rodillas. “Usted puede odiarme, pero si esa niña es mi nieta, tiene derecho a saber quién es”. Seo-yeon se quedó callada. La anciana continuó: “Yo no sé quién se la llevó. No sé quién cambió sus documentos. Pero sé que alguien quería que nunca la encontráramos”. Aquellas palabras hicieron que Seo-yeon recordara algo. Seis años atrás, cuando recibió a Ha-na, un hombre desconocido había hablado con ella afuera del hospital. Le había dicho: “No haga preguntas y cuide a la niña”. En aquel momento pensó que era un empleado. Ahora comprendía que quizá había sido una advertencia.
El resultado
La verdad comenzó a destruir la vida que Seo-yeon conocía
Seo-yeon finalmente aceptó realizar la prueba de ADN. No se lo contó a nadie. La llevó a un laboratorio privado y esperó varios días. Mientras tanto, la anciana continuaba esperando. Seo-yeon empezó a comportarse diferente con Ha-na. La observaba dormir, la miraba jugar y se preguntaba cómo sería su vida si realmente no fuera su hija biológica. Cuando llegó el resultado, Seo-yeon abrió el sobre con las manos temblando. El informe confirmaba que existía una coincidencia genética extremadamente alta entre Ha-na y la anciana. Seo-yeon se sentó en el suelo. La niña que había criado durante seis años era, casi con toda seguridad, la nieta desaparecida de aquella mujer. Pero había algo todavía más extraño. En el informe aparecía un dato adicional que Seo-yeon no esperaba: los registros de la niña no correspondían con la identidad con la que había sido entregada. Seo-yeon llamó inmediatamente al laboratorio. “¿Están seguros?”. Le respondieron que sí. Entonces entendió que alguien había cambiado la identidad de la niña. Fue a buscar a la anciana y le entregó el resultado. La mujer comenzó a llorar y abrazó la fotografía de su hija. “Sabía que estabas viva”, dijo mirando a Ha-na. La niña no entendía nada. Seo-yeon se disculpó por haberla golpeado. La anciana respondió: “Usted también fue engañada”. Pero entonces apareció un hombre vestido elegantemente. Miró a la anciana y luego a Seo-yeon. “Ya descubrieron demasiado”. Seo-yeon se quedó paralizada. El hombre no era un desconocido. Era alguien que había trabajado para su propia empresa durante años.
La persona detrás de todo
La anciana descubrió que la desaparición tenía un motivo mucho más oscuro
El hombre les reveló que seis años atrás había ocurrido un conflicto dentro de la familia de Ha-na. La madre biológica de la niña había descubierto que alguien estaba robando dinero de una empresa familiar. Antes de poder denunciarlo, desapareció. La bebé también desapareció aquella misma noche. Para ocultar el crimen, alguien cambió los registros y entregó a la niña a otra familia. Seo-yeon preguntó: “¿Por qué me la entregaron a mí?”. El hombre respondió: “Porque usted acababa de perder a su esposo y todos sabían que aceptaría cuidar de una niña sin hacer demasiadas preguntas”. Seo-yeon sintió una mezcla de rabia y culpa. “Entonces yo también fui utilizada”. La anciana comenzó a llorar. “¿Dónde está mi hija?”. El hombre bajó la mirada. “No lo sé”. “¡Miente!”, gritó la anciana. “¡Usted sabe dónde está!”. El hombre guardó silencio. Ha-na se acercó a su madre y tomó su mano. Entonces el teléfono del hombre comenzó a sonar. Miró la pantalla y se puso pálido. Contestó y dijo: “Sí, ya la encontramos”. Seo-yeon escuchó esas palabras y preguntó: “¿A quién llamó?”. El hombre no respondió. La llamada terminó y, antes de marcharse, dijo algo que dejó a las dos mujeres completamente aterrorizadas: “La niña no era lo único que estaban buscando”. Seo-yeon abrazó a Ha-na. La anciana miró a la niña y comprendió que su nieta había regresado, pero que alguien todavía quería encontrarla. Y mientras las tres permanecían juntas, un automóvil negro se detuvo lentamente al otro lado de la calle. Alguien dentro observaba la casa. La anciana había encontrado a su nieta, pero ahora quedaba la pregunta más peligrosa: quién había ordenado que la niña desapareciera seis años atrás y por qué todavía la estaban buscando.