LA CHICA SE BURLÓ DEL JOVEN POBRE… SIN SABER DE QUIÉN ERA EL LAMBORGHINI

En una de las zonas más exclusivas de Seúl, frente a un lujoso restaurante, dos Lamborghini permanecían estacionados uno junto al otro. Uno era de color oscuro y pertenecía a Min-jae, un joven empresario que había llegado acompañado de su novia Ji-eun, una mujer acostumbrada a vivir rodeada de lujos. El segundo Lamborghini era mucho más moderno, llamativo y costoso, pero nadie parecía estar cerca de él. Mientras Ji-eun hablaba con Min-jae, un joven de apariencia sencilla se acercó caminando por la acera. Su nombre era Tae-hyun. Llevaba unos pantalones sencillos, una camiseta sin marcas y unos zapatos que claramente no pertenecían al mismo mundo de lujo que rodeaba aquel restaurante. Tae-hyun se detuvo frente al Lamborghini más moderno y, con curiosidad, pasó suavemente la mano por la puerta del vehículo. Ji-eun lo vio y comenzó a reírse. Min-jae también lo observó con una sonrisa burlona. Ji-eun le preguntó qué estaba haciendo. Tae-hyun respondió tranquilamente que solamente estaba mirando el auto. Ji-eun le dijo que tuviera cuidado porque probablemente jamás había visto un vehículo así de cerca. Tae-hyun retiró la mano y le respondió que solamente le había llamado la atención. Ji-eun continuó riéndose y comenzó a mirar su ropa. Le preguntó si había llegado caminando desde algún barrio lejano. Tae-hyun respondió que sí. Ji-eun miró a Min-jae y le dijo que algunas personas podían pasar toda su vida trabajando y aun así nunca podrían tener un auto como aquel. Tae-hyun permaneció tranquilo, pero la forma en que ella hablaba comenzó a incomodarlo. Min-jae le pidió a Tae-hyun que dejara de mirar el automóvil y continuara su camino. Tae-hyun los observó durante unos segundos y preguntó por qué estaban tan seguros de que él no podía tener algo así. Ji-eun soltó una carcajada. Para ella, la apariencia del joven era suficiente para saber cuánto dinero tenía. Sin embargo, todavía no sabía que aquel Lamborghini no pertenecía a Min-jae.

2. LA BURLA

Ji-eun cruzó los brazos y comenzó a hablar con una seguridad que hizo que Tae-hyun la mirara directamente. Le dijo que no entendía por qué algunas personas soñaban con cosas que estaban completamente fuera de su alcance. Tae-hyun preguntó qué quería decir con eso. Ji-eun señaló el Lamborghini y le dijo que un automóvil como aquel costaba más dinero del que probablemente él ganaría durante muchos años. Min-jae soltó una pequeña risa y apoyó aquella opinión. Tae-hyun no respondió inmediatamente. Simplemente observó el vehículo y luego miró a Ji-eun. Ella interpretó su silencio como vergüenza y continuó atacándolo verbalmente. Le dijo que debía aprender a aceptar su realidad y dejar de imaginar una vida que no podía tener. Tae-hyun finalmente preguntó si ella creía que las personas con poco dinero no tenían derecho a conducir autos de lujo. Ji-eun respondió que no se trataba de derechos, sino de posibilidades. Dijo que había personas que nacían para ciertas cosas y otras que tenían que conformarse con lo que podían conseguir. Tae-hyun preguntó si ella realmente pensaba que una persona debía ser juzgada por su ropa. Ji-eun respondió que la ropa decía mucho sobre una persona. Min-jae intervino y le dijo a Tae-hyun que no tomara la conversación tan en serio. Según él, Ji-eun solamente estaba haciendo una broma. Tae-hyun le respondió que no parecía una broma cuando ambos se estaban riendo de él. Ji-eun volvió a mirar el Lamborghini y le preguntó si acaso él realmente creía que algún día podría comprar uno. Tae-hyun dijo que no necesitaba comprarlo porque ya tenía uno. Ji-eun se quedó mirándolo y luego soltó una carcajada. Min-jae también comenzó a reír. Ji-eun preguntó si estaba diciendo que aquel Lamborghini era suyo. Tae-hyun respondió que sí. Ella le dijo que aquello era imposible. Entonces Tae-hyun dejó de sonreír y le dijo que, si realmente quería saber la verdad, solamente tenía que esperar unos segundos.

3. LA APUESTA

Ji-eun pensó que Tae-hyun estaba intentando salvarse de la vergüenza y decidió seguir provocándolo. Le dijo que si aquel Lamborghini realmente era suyo, entonces debía demostrarlo. Min-jae le pidió que no siguiera con la discusión, pero Ji-eun estaba demasiado entretenida. Tae-hyun le preguntó qué quería que hiciera. Ji-eun señaló el vehículo y dijo que si podía abrirlo con su propia llave, ella reconocería que se había equivocado. Tae-hyun respondió que no necesitaba demostrarle nada, pero que aceptaba porque quería que dejara de juzgar a las personas por su apariencia. Ji-eun comenzó a reír nuevamente. Le dijo que probablemente había visto el vehículo estacionado y había decidido inventar una historia para llamar la atención. Tae-hyun permaneció tranquilo. Metió lentamente una mano en el bolsillo de su pantalón. Min-jae observó el movimiento y pensó que quizá iba a sacar su teléfono. Ji-eun continuaba hablando y decía que algunas personas harían cualquier cosa por aparentar tener dinero. Tae-hyun sacó finalmente un pequeño dispositivo electrónico. Ji-eun dejó de hablar durante un segundo. Min-jae miró el dispositivo con atención. Tae-hyun levantó la mano y presionó un botón. Las luces del Lamborghini comenzaron a encenderse. El sonido del vehículo confirmó que la llave estaba conectada al automóvil. Ji-eun quedó completamente sorprendida. Sin embargo, todavía intentó encontrar una explicación. Dijo que quizá la llave pertenecía a otra persona. Tae-hyun le respondió que podía comprobarlo de una manera mucho más sencilla. Se acercó a la puerta del Lamborghini y volvió a presionar el botón. El vehículo se desbloqueó inmediatamente. Ji-eun dejó de sonreír. Min-jae comenzó a mirar a Tae-hyun con una expresión completamente diferente. Tae-hyun abrió la puerta y dijo que había intentado evitar aquella situación, pero que ellos habían insistido. Ji-eun preguntó quién era realmente. Tae-hyun simplemente respondió que era el dueño del automóvil que ella había estado tocando mientras se burlaba de él.

4. CUANDO TODO CAMBIÓ

Tae-hyun abrió la puerta del Lamborghini y se sentó en el asiento del conductor. Ji-eun permaneció inmóvil. Min-jae se acercó lentamente y miró el interior del vehículo. Reconoció inmediatamente que aquel modelo era mucho más costoso que el suyo. Preguntó a Tae-hyun si realmente era el propietario. Tae-hyun respondió que sí. Ji-eun intentó mantener la calma y dijo que seguramente alguien se lo había prestado. Tae-hyun la miró por la ventana y le preguntó por qué le resultaba tan difícil aceptar que una persona con ropa sencilla pudiera tener dinero. Ji-eun no respondió. Min-jae comenzó a sentirse incómodo porque comprendía que habían juzgado al joven sin conocerlo. Tae-hyun encendió el motor y el sonido llamó la atención de varias personas que estaban cerca del restaurante. Ji-eun observó cómo las luces del vehículo se encendían y finalmente entendió que todas sus burlas habían sido dirigidas al propietario del automóvil. Tae-hyun bajó la ventana y le dijo que no había nada malo en trabajar duro para conseguir una vida mejor. Lo que estaba mal era creer que la ropa de una persona podía revelar todo lo que tenía. Ji-eun intentó disculparse, pero Tae-hyun le dijo que no necesitaba disculpas falsas. Quería que entendiera lo ocurrido. Min-jae intervino y reconoció que también había cometido un error al reírse de él. Tae-hyun respondió que al menos él había tenido el valor de admitirlo. Ji-eun quedó en silencio. Entonces preguntó cómo había conseguido un automóvil tan costoso si parecía una persona normal. Tae-hyun sonrió ligeramente y respondió que trabajaba en algo que ellos desconocían. Ji-eun preguntó qué hacía. Tae-hyun no respondió. Simplemente cerró la ventana y arrancó lentamente. Antes de marcharse, dejó caer una frase que hizo que Min-jae lo mirara con preocupación: dijo que quizá ellos habían visto solamente una pequeña parte de su vida.

5. EL HOMBRE DETRÁS DEL VOLANTE

Tae-hyun comenzó a alejarse del restaurante, pero Min-jae quedó intrigado y decidió buscar información sobre él. Ji-eun le preguntó qué estaba haciendo. Min-jae respondió que quería saber quién era realmente aquel hombre. Sacó su teléfono y comenzó a revisar algunos contactos relacionados con empresarios de Seúl. Después de unos minutos, encontró una fotografía que coincidía con el rostro de Tae-hyun. Su expresión cambió completamente. Ji-eun le preguntó qué había encontrado. Min-jae le mostró la pantalla. Allí aparecía Tae-hyun junto a varios empresarios importantes durante la inauguración de una nueva compañía tecnológica. Ji-eun no podía creerlo. Preguntó si realmente era la misma persona. Min-jae respondió que sí. Luego descubrió que Tae-hyun no era empleado de aquella compañía, sino uno de sus principales propietarios. Ji-eun recordó inmediatamente todas las cosas que le había dicho minutos antes. Sintió vergüenza y quiso llamarlo para disculparse. Min-jae le dijo que probablemente ya era demasiado tarde. Sin embargo, mientras hablaban, el teléfono de Min-jae recibió una llamada inesperada. Era el director de una empresa con la que estaba intentando cerrar un importante negocio. El director le informó que la reunión había sido cancelada porque el principal inversionista había cambiado de opinión. Min-jae preguntó quién era ese inversionista. El hombre respondió un nombre que hizo que Min-jae quedara completamente serio. Era Tae-hyun. Min-jae comprendió que el joven al que había tratado con desprecio tenía una influencia mucho mayor de la que había imaginado. Ji-eun comenzó a preocuparse y preguntó si Tae-hyun podía perjudicar el negocio de Min-jae. Él respondió que no lo sabía. Entonces recibió otro mensaje. Era una fotografía tomada pocos minutos antes frente al restaurante. En ella aparecían Ji-eun y Min-jae riéndose de Tae-hyun junto al Lamborghini. Debajo de la imagen había una sola frase: «Ahora entiendo qué clase de personas son». Ji-eun sintió un enorme arrepentimiento. Pero todavía no sabía que Tae-hyun había reconocido a Min-jae desde el primer momento.

6. LA ÚLTIMA SORPRESA

Al día siguiente, Ji-eun recibió una invitación para asistir a una reunión empresarial muy importante. El lugar era el mismo restaurante donde había ocurrido el incidente. Ji-eun pensó que quizá tendría la oportunidad de disculparse personalmente con Tae-hyun. Cuando llegó, encontró a varios empresarios coreanos esperando en un salón privado. Min-jae también estaba allí, visiblemente nervioso. El director de la reunión anunció que el nuevo inversionista había decidido reunirse personalmente con ellos. La puerta se abrió y Tae-hyun entró vestido con un elegante traje oscuro. Ji-eun quedó paralizada al verlo. Tae-hyun caminó hasta la mesa y tomó asiento frente a ellos. Min-jae se levantó y le ofreció la mano. Tae-hyun la aceptó, pero su expresión permaneció seria. Ji-eun se disculpó por lo ocurrido el día anterior y reconoció que había cometido un error al juzgarlo por su apariencia. Tae-hyun le respondió que todos podían equivocarse, pero que esperaba que aquella experiencia le enseñara a no medir el valor de una persona por su ropa o por el automóvil que conducía. Ji-eun asintió. Entonces Min-jae preguntó por qué Tae-hyun había decidido invertir precisamente en su empresa después de lo ocurrido. Tae-hyun lo miró durante unos segundos y respondió que había tomado la decisión antes de conocerlos personalmente. Min-jae quedó sorprendido. Tae-hyun explicó que había seguido el trabajo de la empresa durante meses y que el proyecto le parecía interesante. Pero después de lo ocurrido frente al restaurante había decidido revisar nuevamente su decisión. Todos quedaron en silencio. Min-jae preguntó si eso significaba que podía perder la inversión. Tae-hyun respondió que todavía no había tomado una decisión definitiva. Entonces colocó sobre la mesa un documento y dijo que quería darle a Min-jae una última oportunidad para demostrar qué clase de empresario era. Ji-eun observó a ambos en silencio. Min-jae tomó el documento y comenzó a leerlo. En la última página había una condición inesperada: debía contratar a un joven desconocido para dirigir un nuevo proyecto. Min-jae preguntó quién era. Tae-hyun sonrió y respondió que todavía no podía decirlo. Entonces se levantó, salió del salón y dejó a todos completamente confundidos. Afuera, el mismo Lamborghini esperaba estacionado. Tae-hyun entró, encendió el motor y se marchó tranquilamente, mientras Ji-eun lo observaba desde la ventana entendiendo finalmente que aquella tarde no había conocido a un joven pobre, sino a un hombre que había decidido no presumir de lo que tenía.

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