La pescadería familiar estaba llena de clientes cuando Soo-ah apareció detrás del mostrador con una libreta de cuentas en la mano. Su hermano Dae-hyun estaba organizando unas cajas de pescado y levantó la mirada al verla acercarse. Soo-ah le preguntó por qué había ocultado varias ventas realizadas durante las últimas semanas. Dae-hyun respondió que ella no tenía derecho a revisar sus cuentas. Soo-ah le recordó que ambos administraban el negocio que su padre había dejado a la familia. La madre escuchó la discusión desde el fondo y se acercó preocupada. Soo-ah abrió la libreta y mostró varias cantidades que no aparecían en los registros oficiales. Dae-hyun aseguró que eran errores. Soo-ah respondió que no eran errores porque había comparado las facturas con los recibos de los clientes. Dae-hyun comenzó a ponerse nervioso. Le dijo que dejara el asunto porque había demasiada gente escuchando. Soo-ah respondió que precisamente quería que todos escucharan. Quería saber dónde estaba el dinero que faltaba. Dae-hyun golpeó el mostrador y aseguró que él trabajaba más que todos. Soo-ah le recordó que trabajar más no le daba derecho a quedarse con el dinero del negocio. La madre preguntó cuánto faltaba. Soo-ah mencionó una cantidad considerable. La mujer quedó completamente sorprendida. Dae-hyun respondió que ese dinero había sido utilizado para comprar mercancía. Soo-ah le preguntó por qué entonces no existían facturas. Él guardó silencio. La tensión aumentó mientras algunos clientes comenzaron a mirar hacia el mostrador. Soo-ah volvió a preguntarle qué había hecho con el dinero. Dae-hyun respondió que ella también escondía cosas. Soo-ah le preguntó qué estaba insinuando. Él dijo que su madre nunca había visto las ganancias reales del negocio. La madre quedó confundida y preguntó qué quería decir. Soo-ah miró a su hermano y le exigió que explicara sus acusaciones. Dae-hyun respondió que ya estaba cansado de que ella controlara todo. Soo-ah le dijo que no iba a permitir que la pescadería terminara destruida por sus mentiras. Dae-hyun se acercó furioso y le gritó que dejara de acusarlo delante de todos.
La discusión frente a los clientes
Soo-ah no retrocedió. Le dijo que si no tenía nada que esconder, podía explicar inmediatamente dónde estaba el dinero. Dae-hyun respondió que no tenía que darle explicaciones. Soo-ah le recordó que la mitad del negocio pertenecía a ella y que la otra mitad pertenecía a su madre. Dae-hyun respondió que él era quien había mantenido abierta la pescadería cuando todos los demás estaban ocupados con sus propias vidas. Soo-ah le dijo que eso no justificaba robar dinero. Dae-hyun reaccionó furioso y aseguró que jamás había robado nada. La madre pidió que dejaran de gritar porque los clientes estaban escuchando. Soo-ah le respondió que necesitaba saber la verdad. Dae-hyun dijo que la verdad era que Soo-ah quería quedarse con el negocio completo. Ella negó la acusación y explicó que solamente quería proteger el patrimonio de su madre. Dae-hyun volvió a acusarla de esconder dinero. Soo-ah le pidió pruebas. Él no tenía ninguna. Entonces Soo-ah sacó varios recibos de una caja debajo del mostrador. Mostró que algunas ventas habían sido cobradas directamente por Dae-hyun. Él intentó quitarle los papeles, pero Soo-ah los sostuvo con fuerza. La madre comenzó a llorar y preguntó por qué sus hijos estaban peleando de aquella manera. Soo-ah respondió que había descubierto demasiadas irregularidades. Dae-hyun dijo que todo podía explicarse. Ella le preguntó entonces por qué había transferencias desde la cuenta del negocio hacia una cuenta personal. Dae-hyun se quedó callado. Soo-ah le preguntó si aquella cuenta era suya. Él finalmente admitió que sí. La madre quedó completamente sorprendida. Preguntó cuánto dinero había transferido. Dae-hyun respondió que lo devolvería. Soo-ah le dijo que esa no era una respuesta. Quería saber por qué había tomado el dinero. Dae-hyun comenzó a gritar que necesitaba solucionar un problema personal. Soo-ah respondió que podía haber hablado con la familia. Él dijo que nadie lo habría ayudado. Ella respondió que nunca había tenido oportunidad de ayudarlo porque él había elegido mentir. La discusión llegó a un punto extremo. Dae-hyun perdió el control y le dio una fuerte bofetada a Soo-ah. El golpe hizo que su rostro girara y todos los clientes quedaron en silencio. Soo-ah se tocó la mejilla y miró a su hermano con lágrimas en los ojos.
La segunda bofetada
La madre gritó horrorizada al ver que Dae-hyun había golpeado a su hermana. Él respiraba con fuerza y parecía arrepentido, pero todavía estaba dominado por la rabia. Soo-ah le preguntó si realmente había llegado al punto de golpearla para evitar responder una pregunta. Dae-hyun le pidió que se callara. Soo-ah respondió que ya no iba a callarse. Le dijo que durante años había protegido a su hermano porque pensaba que solamente estaba pasando por momentos difíciles. Ahora comprendía que él había estado ocultando algo mucho más serio. Dae-hyun volvió a gritarle que no sabía nada de su vida. Soo-ah respondió que sabía suficiente después de revisar las cuentas. Él aseguró que las transferencias tenían una explicación. Soo-ah le preguntó cuál. Dae-hyun no respondió. La madre se colocó entre los dos y pidió que terminaran la pelea. Soo-ah miró a su hermano y le dijo que una bofetada no iba a borrar los números de la libreta. Dae-hyun le respondió que ella siempre había creído que era mejor que él. Soo-ah negó la acusación. Dijo que solamente quería que el negocio sobreviviera. Dae-hyun comenzó a insultarla y a decir que ella había regresado únicamente para quedarse con la pescadería. Soo-ah respondió que su padre había dejado aquel negocio para los dos. Entonces Dae-hyun gritó que su padre había cambiado de opinión antes de morir. Soo-ah quedó sorprendida y preguntó de qué estaba hablando. Dae-hyun dijo que existía un documento donde su padre le había dado autoridad para administrar todo el negocio. Soo-ah le preguntó dónde estaba ese documento. Él respondió que lo tenía guardado. Soo-ah pidió verlo. Dae-hyun se negó. Ella comprendió que probablemente estaba mintiendo nuevamente. Entonces le dijo que estaba cansada de escuchar acusaciones sin pruebas. Dae-hyun volvió a acercarse a ella. Soo-ah no retrocedió. Le dijo que si quería seguir discutiendo, tendría que decir la verdad. Dae-hyun levantó la voz y le exigió que se marchara. Soo-ah respondió que no se iría hasta descubrir dónde estaba el dinero. Entonces, en medio de la tensión, Soo-ah le devolvió la bofetada. Dae-hyun retrocedió completamente sorprendido. La madre quedó inmóvil. Soo-ah le dijo que ahora iban a hablar sin gritos y sin mentiras.
El dinero en la cuenta
Soo-ah levantó nuevamente la libreta y señaló una serie de transferencias. Le dijo a Dae-hyun que todas habían terminado en la misma cuenta bancaria. La madre preguntó de quién era. Soo-ah respondió que la cuenta estaba registrada a nombre de Dae-hyun. Él intentó explicar que había utilizado el dinero para una emergencia. Soo-ah le preguntó qué emergencia podía justificar sacar una cantidad tan grande sin avisar a nadie. Dae-hyun dijo que no podía hablar de eso. La madre le pidió que confiara en ella. Él respondió que tenía miedo de decepcionarla. Soo-ah le dijo que ya estaba decepcionada, pero que todavía podía perdonarlo si decía la verdad. Dae-hyun bajó la mirada. Finalmente confesó que tenía una deuda. Había pedido dinero prestado para intentar salvar otro negocio que había comenzado en secreto. Soo-ah quedó sorprendida. Preguntó qué negocio. Dae-hyun explicó que había invertido en un pequeño restaurante junto a un amigo, pero el proyecto había fracasado. Había perdido casi todo el dinero. Para evitar que los acreedores descubrieran la situación, comenzó a sacar pequeñas cantidades de la pescadería. Soo-ah le preguntó cuánto había tomado realmente. Dae-hyun mencionó una cifra que dejó a todos en silencio. La madre comenzó a llorar. Dijo que ese dinero era parte de sus ahorros para su vejez. Dae-hyun respondió que tenía intención de devolverlo. Soo-ah le dijo que había pasado demasiado tiempo prometiendo cosas sin cumplirlas. Entonces preguntó si había algo más. Dae-hyun dijo que no. Soo-ah revisó nuevamente los documentos. Había una transferencia reciente mucho mayor que las anteriores. Preguntó por qué había enviado esa cantidad. Dae-hyun respondió que era para evitar que los acreedores fueran a la casa. La madre se llevó las manos al rostro. Soo-ah le dijo que había puesto a toda la familia en peligro. Dae-hyun respondió que estaba desesperado. Soo-ah le dijo que la desesperación no justificaba robarle a su propia madre. Él comenzó a llorar y reconoció que había cometido un error. Pero Soo-ah todavía tenía una duda. Si había utilizado el dinero para pagar sus deudas, ¿por qué algunas transferencias habían terminado en una cuenta de una persona desconocida? Dae-hyun levantó la mirada. Su rostro cambió completamente. Dijo que él no había enviado ese dinero.
La cuenta desconocida
La revelación provocó un silencio todavía más fuerte. Soo-ah revisó nuevamente los movimientos bancarios. Había varias transferencias que Dae-hyun reconocía, pero otras no. Él aseguró que nunca había enviado esas cantidades. La madre preguntó quién podía haber utilizado la cuenta. Soo-ah recordó que varias personas tenían acceso al sistema de pagos del negocio. Preguntó quién había manejado las cuentas durante las últimas semanas. Dae-hyun mencionó a un antiguo empleado que había trabajado con su padre. Soo-ah dijo que aquel hombre había dejado el negocio meses atrás. Dae-hyun respondió que todavía conocía las contraseñas antiguas. La madre preguntó si podía haber utilizado la información. Soo-ah dijo que era posible, pero necesitaban pruebas. Dae-hyun comenzó a revisar su teléfono y descubrió varios mensajes extraños. Alguien le había enviado advertencias sobre sus deudas. También había un mensaje donde le exigían que pagara antes de que su familia descubriera todo. Soo-ah preguntó si aquel hombre lo estaba amenazando. Dae-hyun respondió que sí. Había tenido miedo de contar la verdad porque pensaba que podrían hacerle daño a su madre. Soo-ah quedó en silencio. La discusión cambió de dirección. Ya no se trataba solamente del dinero robado. Alguien estaba utilizando los problemas de Dae-hyun para manipular a toda la familia. Soo-ah le preguntó por qué nunca había pedido ayuda. Él respondió que estaba avergonzado. Su madre le dijo que siempre podía haber acudido a ella. Dae-hyun lloró y respondió que no quería que su madre descubriera que había fracasado. Soo-ah le dijo que todos cometían errores, pero que ocultarlos podía hacerlos mucho peores. Entonces revisaron las cámaras de seguridad de la pescadería. En una de las grabaciones aparecía una persona entrando al local después del cierre. Dae-hyun reconoció inmediatamente al antiguo empleado. Soo-ah preguntó qué estaba haciendo allí. La grabación mostraba al hombre acercándose al escritorio donde estaban guardadas las claves del negocio. La madre comprendió que alguien había utilizado la información de la familia. Soo-ah llamó al abogado que llevaba los asuntos del negocio. Mientras esperaban, Dae-hyun le pidió perdón por haberle ocultado la verdad y por haberla golpeado. Soo-ah le respondió que el perdón tendría que ganárselo con hechos. Dae-hyun aceptó. Pero todavía quedaba una pregunta: ¿cuánto dinero había desaparecido realmente de la pescadería?
La familia contra la mentira
El abogado revisó las cuentas y confirmó que una parte del dinero había sido retirada por Dae-hyun, pero otra parte había sido transferida por alguien que había utilizado información antigua del negocio. El antiguo empleado terminó siendo investigado y se descubrió que había aprovechado las dificultades de Dae-hyun para obtener dinero de la familia. Dae-hyun tuvo que reconocer que sus propias mentiras habían facilitado el problema. La madre decidió no cerrar la pescadería. Dijo que aquel negocio había sido construido por su esposo y que no permitiría que una crisis destruyera todo lo que había conseguido. Soo-ah aceptó quedarse para ayudarla. Dae-hyun también prometió devolver cada cantidad que había tomado. Durante los meses siguientes trabajó más horas y comenzó a pagar poco a poco su deuda. La relación entre los hermanos no volvió a ser igual inmediatamente. Cada vez que discutían, recordaban aquella noche y la bofetada que había cambiado todo. Pero con el tiempo aprendieron a hablar antes de que la rabia se convirtiera en violencia. La madre también estableció una nueva regla: ninguna cuenta del negocio volvería a ser manejada por una sola persona. Todos tendrían acceso a los registros y cada movimiento sería revisado. La pescadería continuó funcionando y recuperó poco a poco la confianza de sus clientes. Un día, mientras Soo-ah limpiaba el mostrador, encontró la vieja libreta donde había descubierto las primeras transferencias. La abrió y vio que todas las cuentas estaban finalmente en orden. Dae-hyun apareció detrás de ella y dejó sobre el mostrador un comprobante de pago. Era la última parte del dinero que había tomado. Soo-ah lo miró sorprendida. Él le dijo que finalmente había devuelto todo. La madre apareció detrás de ellos y comenzó a llorar de emoción. Dae-hyun pidió perdón nuevamente. Soo-ah lo miró durante unos segundos y le dijo que nunca olvidaría lo ocurrido, pero que tampoco quería vivir para siempre dentro de aquella pelea. Dae-hyun asintió. Los tres se abrazaron en medio de la pescadería mientras los clientes continuaban entrando. La familia había perdido dinero, confianza y tranquilidad, pero había aprendido algo que jamás olvidaría: los problemas económicos pueden resolverse, pero cuando una familia empieza a esconderse la verdad, cualquier pequeño secreto puede convertirse en una guerra. Desde aquel día, las cuentas quedaron abiertas para todos. Y la vieja pescadería, que había sido escenario de una de las peores discusiones de la familia, terminó convirtiéndose en el lugar donde decidieron comenzar de nuevo.