Desde que su madre enfermó gravemente, Xiaoyu aprendió que la vida podía cambiar de un día para otro. Con apenas nueve años, dejó de jugar en los parques para recorrer las calles de Pekín buscando una oportunidad que pudiera salvarla a ella y a la única persona que le quedaba en el mundo. Su madre siempre protegió un viejo sobre amarillo como si fuera un tesoro. Nunca permitió que nadie lo tocara y, antes de cerrar los ojos por última vez, tomó la mano de Xiaoyu y le dijo que algún día tendría que entregárselo a un hombre llamado Chen, dueño de uno de los hoteles más importantes de la ciudad. No le explicó el motivo, solo le pidió que no confiara en nadie y que jamás abriera la carta. Con esas palabras grabadas en su corazón, la niña caminó durante días hasta encontrar el enorme hotel donde trabajaba aquel hombre. Sin embargo, en lugar de recibir ayuda, fue tratada con desprecio. Los guardias la empujaron lejos de la entrada, algunos clientes la insultaron por su ropa sucia y una mujer elegante le arrebató el sobre creyendo que era basura. Xiaoyu lloraba mientras intentaba recuperarlo, repitiendo que aquella carta era lo único que su madre le había dejado.
Cuando el señor Chen escuchó el llanto de la niña, se acercó por curiosidad y tomó el sobre entre sus manos. Al reconocer el nombre escrito con la caligrafía de una mujer que no veía desde hacía muchos años, su rostro cambió por completo. Sus manos comenzaron a temblar y, antes de abrir la carta, observó fijamente a Xiaoyu. La niña levantó la mirada con los ojos llenos de lágrimas y le confesó que su madre había muerto esperando que él cumpliera una promesa que nunca llegó. El empresario sintió que el mundo se detenía por un instante. Dentro del sobre encontró una fotografía antigua de los dos cuando eran jóvenes y una carta donde aquella mujer le revelaba una verdad que había guardado durante nueve años: Xiaoyu era la hija que él nunca supo que tenía. El hombre cayó de rodillas frente a la niña mientras todas las personas que minutos antes la habían despreciado permanecían inmóviles, incapaces de creer lo que estaban viendo. Chen abrazó a Xiaoyu con fuerza y prometió que jamás volvería a estar sola. Pero antes de poder explicarle toda la verdad, uno de sus abogados llegó corriendo con una noticia inesperada: alguien había iniciado un juicio para quedarse con toda la herencia que legalmente le pertenecía a la niña. Xiaoyu no entendía qué estaba ocurriendo, pero comprendió que la verdadera batalla apenas estaba por comenzar.