LA LLUVIA NO FUE LO PEOR QUE LE PASÓ A ESA NIÑA

La lluvia caía con fuerza sobre una concurrida calle de Shanghái mientras Xiaomei, una niña de apenas ocho años, sostenía un pequeño vaso de plástico con unas cuantas monedas. Su ropa estaba empapada, sus manos temblaban por el frío y, aun así, seguía sonriendo tímidamente a cada persona que pasaba. No pedía dinero para ella. Su madre llevaba varios días enferma y necesitaba comprar unas medicinas que el hospital no entregaba sin pago. Sin embargo, aquella mañana nadie quiso escucharla. Una mujer elegante se acercó, le arrebató el vaso y lanzó todas las monedas al pavimento mojado. El sonido del metal golpeando el suelo hizo que la niña cayera de rodillas para intentar recuperarlas. Antes de que pudiera recoger la primera, un joven abrió una botella y le vació toda el agua sobre la cabeza mientras varias personas observaban la escena sin hacer nada. Xiaomei, con lágrimas mezcladas con la lluvia, solo alcanzó a decir que necesitaba ayudar a su mamá.

En ese instante, un automóvil negro de lujo frenó bruscamente frente a la acera. Un hombre de traje descendió apresuradamente y, al ver a la niña, dejó caer el maletín que llevaba en la mano. Corrió hacia ella con el rostro lleno de desesperación y la abrazó sin importarle que estuviera completamente empapada. Los presentes quedaron inmóviles cuando lo escucharon gritar: «¿Qué le hicieron a mi hija?». Nadie entendía lo que estaba ocurriendo. El hombre se quitó su abrigo para cubrirla y, al levantar el rostro de la niña, descubrió que llevaba el pequeño collar de jade que él mismo le había regalado cuando nació. Durante ocho años creyó que había muerto después de un secuestro, pero alguien la había mantenido oculta y abandonada en las calles. Mientras la niña lo miraba sin reconocerlo, uno de los asistentes llegó corriendo con una carpeta. Al abrirla, el empresario descubrió una fotografía reciente donde aparecía la madre de Xiaomei junto a una persona muy cercana a su propia familia. Comprendió que la desaparición de su hija nunca había sido obra de desconocidos. Alguien de su entorno había destruido su vida. Miró nuevamente a la niña, la abrazó con fuerza y juró que encontraría a cada responsable, aunque para lograrlo tuviera que enfrentar a las personas en las que más había confiado. Aquella tarde, la lluvia dejó de caer, pero la tormenta que estaba a punto de comenzar dentro de su familia sería mucho más devastadora.

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