
Sofía llegó a la casa de su madre y encontró a su hermano Daniel discutiendo con su esposa, Elena. Sobre la mesa había estados bancarios, recibos y varios documentos. Sofía tomó uno de los papeles y vio que faltaban miles de dólares de la cuenta de su madre. Miró a Daniel con incredulidad. —¿Cuánto dinero le sacaste a mamá? Daniel se levantó inmediatamente de la silla. —¡No me vuelvas a llamar ladrón! Sofía golpeó los documentos contra la mesa. —¡Entonces explícame dónde está el dinero! Elena permaneció callada, mirando hacia el suelo. Sofía notó su nerviosismo. —Y tú sabes perfectamente lo que pasó. Elena levantó la mirada. —No sabes de qué estás hablando. —¡Claro que sí! Sofía señaló los movimientos bancarios. —Aquí aparecen retiros hechos mientras mamá estaba hospitalizada. Daniel intentó quitarle los documentos. —¡Eso tiene una explicación! Sofía apartó su mano. —Entonces habla. Daniel respiró profundamente. —Yo necesitaba el dinero. Sofía quedó sorprendida. —¿Para qué? Daniel evitó mirarla. —Para resolver un problema. —¿Y mamá sabía que estabas sacando su dinero? Daniel guardó silencio. Sofía entendió que la respuesta era no. Elena cerró los ojos, sabiendo que la discusión apenas comenzaba.
Capítulo 2: La cómplice
Sofía miró directamente a Elena. —Tú lo sabías, ¿verdad? Elena negó rápidamente con la cabeza. —Yo no tuve nada que ver. Sofía colocó otro documento sobre la mesa. —Entonces dime por qué tú apareces como testigo en una de estas transferencias. Elena se quedó paralizada. Daniel intervino inmediatamente. —¡No la metas en esto! Sofía respondió con furia. —¡Ella ya está metida! Elena comenzó a llorar. —Daniel me pidió que guardara silencio. Sofía abrió los ojos. —¿Desde cuándo? —Desde el primer retiro. Daniel golpeó la mesa. —¡Elena! Ella se volvió hacia él. —¡Ya no puedo seguir mintiendo por ti! Sofía preguntó cuánto dinero habían sacado. Elena respondió que no conocía la cantidad exacta. Sofía no le creyó. —¡Tú firmaste documentos! Elena bajó la cabeza. —Sí. —¿Y también ayudaste a esconder los estados bancarios? Elena permaneció en silencio. Daniel intentó detener la conversación. —Todo esto fue por una razón. Sofía respondió: —¡Robarle a mamá nunca puede tener una buena razón! Daniel la miró fijamente. —Tú no sabes toda la verdad. Sofía se acercó a él. —Entonces dímela ahora.
Capítulo 3: La verdad incompleta
Daniel tomó aire antes de responder. —Mamá no perdió todo ese dinero por mi culpa. Sofía frunció el ceño. —¿Qué significa eso? Daniel señaló los documentos. —Yo saqué una parte. —¿Cuánto? Daniel no respondió. Elena intervino: —Fueron treinta mil. Sofía quedó en silencio. —¿Treinta mil? Daniel asintió. —Pensaba devolverlos. Sofía negó con la cabeza. —Eso sigue siendo robar. Daniel bajó la mirada. —Lo sé. Sofía tomó el estado bancario más reciente. —Pero aquí faltan mucho más de treinta mil. Daniel levantó la cabeza. —¿Qué? Sofía señaló otra transferencia. —Aquí desaparecieron otros cincuenta mil. Elena se quedó completamente inmóvil. Daniel tomó el documento. —Eso no lo hice yo. Sofía lo miró con desconfianza. —¿Entonces quién? Daniel negó lentamente con la cabeza. —No lo sé. Elena comenzó a llorar. Sofía observó que estaba ocultando algo. —Elena, tú sabes algo. Elena no respondió. Sofía insistió. —¡Mírame y dime que no sabes quién sacó ese dinero! Elena levantó lentamente los ojos. —Yo sé que Daniel no sacó esos cincuenta mil. Sofía quedó completamente sorprendida.
Capítulo 4: El segundo secreto
Sofía retrocedió unos pasos. —¿Cómo sabes eso? Elena apretó las manos. —Porque yo estaba con él el día que desapareció ese dinero. Daniel miró a su esposa con preocupación. —Elena, no sigas. Sofía se volvió hacia él. —¡Ahora quiero escucharla! Elena comenzó a hablar entre lágrimas. —Ese día Daniel estaba conmigo desde la mañana. Sofía miró los documentos. —Entonces alguien más entró en la cuenta. Daniel asintió lentamente. —Eso es lo que intentaba decirte. Sofía respondió: —¿Y por qué no me lo dijiste desde el principio? Daniel bajó la mirada. —Porque sabía que me acusarías por los treinta mil. Sofía respiró profundamente. —¡Porque sí los sacaste! Daniel no pudo negarlo. Elena se acercó a la mesa. —Pero hay algo que ninguno de los dos sabe. Sofía preguntó: —¿Qué cosa? Elena sacó un pequeño papel de su bolso. Daniel palideció al verlo. —¿De dónde sacaste eso? Elena respondió: —Lo encontré entre las cosas de mamá. Sofía tomó el papel. Había una fecha escrita y una referencia bancaria. Sofía reconoció inmediatamente la cuenta. —Esta transferencia ocurrió antes de que Daniel sacara los treinta mil. Daniel quedó en silencio. Sofía miró a Elena. —Entonces alguien ya estaba sacando dinero antes que él. Elena asintió. —Y yo sé quién tuvo acceso a esa cuenta.
Capítulo 5: El nombre que falta
Sofía apretó el papel entre sus manos. —¿Quién? Elena miró a Daniel. Daniel parecía aterrorizado. —No digas ese nombre. Sofía se volvió hacia su hermano. —¿Por qué tienes miedo? Daniel respondió: —Porque si lo dices, todo va a cambiar. Sofía exigió una explicación. —¡Dime quién fue! Elena comenzó a llorar. —Yo descubrí la verdad hace semanas. Sofía se acercó. —Entonces habla. Elena miró nuevamente a Daniel. —La persona que sacó los cincuenta mil tenía acceso directo a la cuenta de mamá. Sofía preguntó: —¿Quién tenía ese acceso? Daniel cerró los ojos. —No puede ser. Sofía lo miró confundida. —¿Qué sabes? Daniel respondió: —Mamá nunca le dio la contraseña a nadie. Elena negó con la cabeza. —No necesitaba la contraseña. Sofía se quedó paralizada. —¿Entonces cómo entró? Elena sacó el teléfono y mostró un último documento. Sofía lo miró y palideció. —No… Daniel preguntó: —¿Qué viste? Sofía levantó lentamente la mirada. —Ahora entiendo por qué mamá nunca quiso hablar de esa cuenta. Elena dijo: —Y todavía falta descubrir quién recibió realmente ese dinero. Sofía miró los documentos y comprendió que la historia era mucho más grande de lo que imaginaba. Antes de poder decir el nombre, alguien llamó a la puerta. Los tres se quedaron completamente inmóviles. Sofía miró hacia la entrada. —¿Quién viene a esta hora? Elena guardó rápidamente el documento. Y Daniel susurró: —Si es quien creo que es, ninguno de nosotros está preparado para escuchar la verdad.