EL HOMBRE QUE NO PODÍA ESTAR VIVO

Seo-yeon llevaba cinco años intentando olvidar aquella noche. Había sido una de las experiencias más dolorosas de su vida, una noche marcada por una llamada telefónica, un funeral y una tumba que ella misma había visitado. Por eso, cuando bajó del tren y vio a aquel hombre caminando entre la multitud, sintió que el mundo se detenía. Era él. No podía ser otra persona. La misma mirada, la misma forma de caminar, incluso aquella pequeña cicatriz junto a la ceja que ella recordaba perfectamente. Seo-yeon se quedó inmóvil hasta que finalmente gritó su nombre. El hombre se volvió y la miró con desconcierto. Le dijo que probablemente estaba confundida, que nunca la había visto antes. Pero Seo-yeon comenzó a temblar. Ella había visto su cuerpo antes del entierro. Había llorado junto a su familia. Había acompañado a su madre durante el funeral. ¿Cómo podía estar ahora frente a ella? El hombre intentó alejarse, pero Seo-yeon lo siguió y le exigió una explicación. Entonces recordó algo que llevaba años guardando. Una fotografía antigua que había recibido pocos días antes de que él supuestamente muriera. La sacó de su bolso y se la mostró. El rostro del hombre cambió inmediatamente. Ya no parecía confundido. Parecía aterrorizado. Le arrebató la fotografía y le preguntó quién se la había entregado. Seo-yeon respondió que había sido su madre. El hombre quedó en silencio. Y entonces dijo algo que hizo que Seo-yeon sintiera aún más miedo: aquella mujer no era su madre desde hacía cinco años.

LA FOTOGRAFÍA QUE LO CAMBIÓ TODO

Seo-yeon no entendía lo que acababa de escuchar. Le preguntó qué quería decir con que aquella mujer ya no era su madre. El hombre evitó responder y comenzó a caminar rápidamente hacia la salida de la estación. Seo-yeon lo siguió. Le recordó que había hablado con su madre después del funeral y que incluso había recibido aquella fotografía de sus propias manos. El hombre se detuvo y le preguntó exactamente cuándo había ocurrido. Cuando Seo-yeon mencionó la fecha, el hombre palideció. Esa fecha era importante. Era el día en que todos creían que él había muerto. Entonces le confesó que su nombre era Min-ho, pero que llevaba años utilizando otra identidad. Seo-yeon sintió que estaba entrando en una historia mucho más grande de lo que imaginaba. Le preguntó por qué había fingido estar muerto. Min-ho respondió que no había fingido nada. Alguien había utilizado su nombre para hacer creer a todos que había muerto. Seo-yeon recordó entonces un detalle extraño del funeral: nunca había podido ver claramente el rostro del fallecido porque la familia había mantenido el ataúd cerrado. Aquello que durante años había aceptado como una tragedia ahora parecía una mentira cuidadosamente preparada. Pero todavía quedaba una pregunta. ¿Por qué la madre de Min-ho le había dado aquella fotografía? Min-ho volvió a mirar la imagen. En ella aparecían tres personas frente a una antigua casa. Min-ho era uno de ellos. La segunda persona era su madre. Pero la tercera persona era una mujer que Seo-yeon nunca había visto. Min-ho señaló su rostro y preguntó si sabía quién era. Seo-yeon negó con la cabeza. Entonces él le dijo que esa mujer era la razón por la que tuvo que desaparecer.

LA MUJER DE LA FOTOGRAFÍA

Seo-yeon llevó la fotografía a su apartamento y pasó toda la noche observándola. Había algo extraño en ella. En el fondo aparecía una pequeña casa que parecía abandonada, pero junto a una ventana se veía claramente una fecha escrita en la pared. Era la misma fecha del supuesto fallecimiento de Min-ho. Seo-yeon comprendió que la fotografía había sido tomada ese mismo día. Eso significaba que alguien había preparado todo antes de que la familia recibiera la noticia de su muerte. Al día siguiente buscó a la madre de Min-ho, pero descubrió que había desaparecido. Su casa estaba vacía y los vecinos aseguraban que se había marchado de madrugada. Seo-yeon regresó a la estación buscando a Min-ho, pero él tampoco apareció. Cuando estaba a punto de rendirse, recibió un mensaje desde un número desconocido. Solo decía: “No confíes en Min-ho”. Seo-yeon sintió miedo, pero respondió preguntando quién era. La respuesta llegó segundos después: “La mujer de la fotografía”. Antes de poder contestar, recibió una segunda imagen. Era la misma casa antigua, pero esta vez aparecía la madre de Min-ho entrando por una puerta. Seo-yeon decidió ir allí. Al llegar, encontró la casa completamente vacía. Sin embargo, detrás de una pared descubrió una pequeña caja metálica escondida. Dentro había documentos, fotografías y una carta. La carta estaba dirigida a ella. En ella, la madre de Min-ho confesaba que llevaba años protegiendo un secreto. Pero antes de que Seo-yeon pudiera terminar de leer, escuchó pasos detrás de ella.

EL SECRETO DE LA MADRE

Seo-yeon se giró lentamente y vio a una mujer parada en la entrada. Era la misma mujer que aparecía en la fotografía. Durante unos segundos ninguna de las dos habló. Finalmente, la desconocida le preguntó por qué había venido. Seo-yeon sacó la fotografía y le exigió respuestas. La mujer comenzó a llorar y confesó que conocía a Min-ho desde antes de que él conociera a Seo-yeon. También reveló que la muerte de Min-ho había sido una mentira creada para protegerlo de alguien que quería destruir a toda su familia. Pero había algo que Seo-yeon todavía no entendía. Si Min-ho estaba vivo, ¿por qué su madre había permitido que todos creyeran que había muerto? La mujer respondió que porque alguien dentro de la propia familia había intentado matarlo. Seo-yeon quedó paralizada. La mujer le entregó entonces un segundo sobre. Dentro había una fotografía de Min-ho siendo trasladado al hospital después de un accidente. En el reverso había una frase escrita por su madre: “Si algún día él regresa, dile toda la verdad”. Seo-yeon preguntó quién había provocado el accidente. La mujer no respondió inmediatamente. Miró hacia la puerta y susurró que todavía no estaban solas. En ese momento apareció Min-ho. Él miró a la mujer y le dijo que nunca debió hablar con Seo-yeon. Ella comenzó a llorar. Seo-yeon comprendió que ambos conocían una parte de la historia que ella todavía desconocía.

EL HOMBRE QUE HABÍA ESTADO ESCONDIDO

Min-ho finalmente decidió contarle la verdad. El accidente había ocurrido cinco años atrás, cuando descubrió que alguien estaba desviando dinero de la empresa familiar. Cuando intentó denunciarlo, recibió amenazas. Poco después sufrió el accidente y fue dado por muerto. Su madre aprovechó la confusión para hacer creer que había fallecido y enviarlo lejos. Pero durante esos cinco años, Min-ho había estado investigando quién había intentado eliminarlo. Seo-yeon le preguntó por qué ella había recibido la fotografía. Min-ho respondió que porque su madre confiaba en ella más que en cualquier miembro de la familia. Seo-yeon recordó entonces algo que había olvidado: años antes, ella había ayudado a la madre de Min-ho cuando todos los demás la ignoraban. Por eso la mujer había decidido contarle la verdad. Pero todavía faltaba descubrir quién estaba detrás de todo. Min-ho abrió uno de los documentos encontrados en la caja y mostró una firma. Seo-yeon reconoció inmediatamente el nombre. Era el de la persona que había organizado el funeral. Era también la persona que había anunciado oficialmente la muerte de Min-ho. Su propio hermano. Min-ho confesó que llevaba años buscando pruebas contra él, pero nunca había podido demostrarlo. Ahora tenían la fotografía, los documentos y la carta de su madre. Sin embargo, cuando estaban a punto de marcharse, el teléfono de Seo-yeon recibió una llamada. Era la madre de Min-ho. Estaba viva y quería hablar con ellos. Pero antes de decir dónde estaba, pronunció una frase que dejó a los dos completamente paralizados: “Hay algo que todavía no les he contado sobre la muerte de Min-ho”.

LA VERDAD QUE TODAVÍA FALTABA

Seo-yeon y Min-ho llegaron al lugar indicado por su madre. La encontraron débil, pero consciente. Durante años había cargado con la culpa de haber permitido que su propio hijo desapareciera del mundo. Min-ho se acercó y le preguntó por qué había mantenido el secreto tanto tiempo. Ella comenzó a llorar y finalmente confesó que el accidente no había sido provocado por su hermano. Él había participado en el encubrimiento, pero la persona que realmente había ordenado el ataque era alguien mucho más cercano. Seo-yeon miró a Min-ho esperando una respuesta. La madre sacó entonces una última fotografía. En ella aparecía Min-ho junto a una persona que Seo-yeon conocía perfectamente. Era alguien en quien ella había confiado durante años. Al ver la imagen, Min-ho comprendió que había estado buscando al culpable equivocado. La persona que había protegido durante todo ese tiempo era precisamente quien había provocado el accidente. Seo-yeon sintió que las piezas finalmente comenzaban a encajar. La supuesta muerte, el funeral, la fotografía, la desaparición de la madre y los documentos escondidos formaban parte de una historia mucho más oscura. Min-ho tomó la mano de su madre y le prometió que esta vez no permitiría que nadie volviera a esconder la verdad. Pero justo cuando pensaban que todo había terminado, apareció un nuevo mensaje en el teléfono de Seo-yeon. Solo contenía una fotografía reciente. En ella aparecía la persona que acababan de descubrir… junto a alguien que todos creían muerto. Seo-yeon levantó la mirada hacia Min-ho. Ambos entendieron que la historia que creían haber resuelto apenas estaba comenzando.

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