EL MENSAJE QUE DESTRUYÓ SU MATRIMONIO

Seo-yeon jamás imaginó que aquella noche terminaría descubriendo el secreto que su esposo había estado ocultándole durante meses. Min-jae le había dicho que debía quedarse trabajando hasta tarde, por eso ella decidió regresar sola a casa. Pero apenas abrió la puerta del apartamento, escuchó voces provenientes de una de las habitaciones. Caminó lentamente por el pasillo y, al abrir la puerta, encontró a su esposo acompañado de una mujer desconocida. Durante unos segundos no pudo decir una sola palabra. Min-jae se levantó inmediatamente y trató de acercarse a ella. Seo-yeon retrocedió, mirándolo con incredulidad. —¿Qué haces tú aquí con ella? —preguntó con la voz temblorosa. Min-jae intentó tranquilizarla, asegurándole que todo tenía una explicación. Pero la expresión de aquella mujer decía algo completamente diferente.

2. EL TELÉFONO

Sobre una pequeña mesa estaba el teléfono de Min-jae. Seo-yeon lo tomó antes de que él pudiera detenerla. La pantalla estaba desbloqueada y había varios mensajes recientes. Min-jae cambió de expresión inmediatamente. —Dame el teléfono, Seo-yeon —le pidió nerviosamente. Ella comenzó a revisar las conversaciones y encontró mensajes que hablaban de encuentros secretos. Algunas fechas coincidían exactamente con las noches en las que su esposo le había dicho que estaba trabajando. —¡Me dijiste que estabas trabajando! —gritó ella. Min-jae intentó explicarse, pero sus palabras ya no tenían sentido para ella. Entonces apareció un mensaje nuevo. Seo-yeon lo abrió sin imaginar que esas pocas palabras iban a cambiar completamente la situación.

3. EL MENSAJE

Seo-yeon leyó el mensaje lentamente. “Ya no podemos seguir ocultándole que el niño es tuyo.” Su rostro perdió el color. Levantó la mirada hacia Min-jae. —¿Qué significa esto? —preguntó. Él permaneció en silencio. —¡Te estoy preguntando qué significa! —volvió a gritar. Min-jae intentó acercarse para quitarle el teléfono, pero Seo-yeon lo apartó. —¿Tú sabías que ese niño era tuyo? —preguntó con lágrimas en los ojos. La mujer que estaba en la habitación comenzó a llorar. Seo-yeon entendió que aquello no era simplemente una aventura. Había un niño involucrado y, aparentemente, todos habían estado ocultándole la verdad. Cegada por la rabia y la decepción, Seo-yeon le dio una bofetada a Min-jae.

4. LA SEGUNDA VERDAD

Después de la bofetada, nadie dijo una palabra. Seo-yeon volvió a mirar el teléfono y descubrió otro mensaje que había llegado minutos antes. “Ella todavía no sabe quién es realmente el padre.” Seo-yeon frunció el ceño. Volvió a mirar a Min-jae. —¿Qué significa eso? ¿No eres tú el padre? —preguntó. Min-jae bajó la mirada. Aquella reacción fue suficiente para hacerla comprender que todavía había algo más. La mujer finalmente se acercó y, entre lágrimas, confesó que el niño no era hijo de Min-jae. Seo-yeon quedó completamente paralizada. —Entonces dime quién es el padre —exigió. La mujer abrió la boca para responder, pero antes de hacerlo, alguien llamó desesperadamente a la puerta del apartamento.

5. EL NOMBRE

Min-jae se puso pálido al escuchar los golpes. Seo-yeon caminó hacia la puerta, pero él intentó detenerla. —No abras —le dijo. Aquella reacción despertó todavía más sospechas. Seo-yeon abrió la puerta y encontró a un hombre que conocía perfectamente. Era alguien que pertenecía a su propia familia. El hombre miró a Min-jae y después a Seo-yeon. —Tenemos que hablar —dijo seriamente. Seo-yeon comenzó a sentir que las piezas del rompecabezas estaban encajando. Preguntó por qué estaba allí y por qué todos parecían estar escondiéndole algo. Nadie respondió. Entonces el hombre miró hacia la mujer y dijo: —Ya no podemos seguir ocultándolo. Seo-yeon sintió que el corazón le golpeaba con fuerza. —¿Ocultándome qué?

6. LA VERDAD QUE FALTABA

El hombre sacó un sobre de su bolsillo y se lo entregó a Seo-yeon. Ella lo abrió lentamente. Dentro había unos documentos y una fotografía de un niño. En uno de los documentos aparecía el resultado de una prueba que podía revelar quién era realmente el padre. Seo-yeon miró el nombre escrito en la hoja y quedó completamente inmóvil. No era el nombre de Min-jae. Tampoco era el nombre del hombre que acababa de llegar. Era el nombre de alguien cuya identidad jamás habría imaginado relacionar con aquel niño. Min-jae intentó quitarle el documento, pero Seo-yeon lo apartó. —Ahora quiero que todos me digan la verdad —dijo entre lágrimas. Nadie respondió. Ella volvió a mirar el nombre y comprendió que el secreto era mucho más grande de lo que había imaginado. Pero todavía faltaba descubrir por qué todos habían decidido ocultárselo.

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