Desde que eran niños, Daniel y Mateo habían vivido bajo el mismo techo, pero nunca habían recibido el mismo cariño de su madre, Elena, porque para ella Daniel siempre había sido el hijo perfecto, el que merecía los mejores regalos, las mejores oportunidades y todas las palabras bonitas, mientras Mateo crecía sintiendo que cualquier cosa que hiciera era comparada con su hermano y siempre terminaba perdiendo, cuando Daniel sacaba buenas calificaciones, Elena organizaba una celebración familiar, pero cuando Mateo obtenía un premio en la escuela, ella apenas levantaba la mirada y decía que seguramente había sido suerte, cuando Daniel consiguió su primer empleo, Elena llamó a todos sus familiares para contarles lo orgullosa que estaba, pero cuando Mateo comenzó a trabajar para ayudar con los gastos de la casa, ella simplemente respondió que era lo mínimo que debía hacer, Mateo intentó durante años ganarse el reconocimiento de su madre, estudiando, trabajando y ayudando a la familia cada vez que podía, pero siempre sentía que Daniel tenía un lugar especial en el corazón de Elena que él jamás podría ocupar, incluso cuando ambos crecieron, aquella diferencia continuó, Daniel podía llegar tarde, cometer errores y pedir dinero prestado sin recibir una sola crítica, mientras Mateo solamente tenía que equivocarse una vez para escuchar que estaba decepcionando a su madre, durante mucho tiempo Mateo guardó silencio porque no quería causar una división familiar, pero dentro de él comenzaba a crecer una tristeza que nadie parecía notar, cada cumpleaños terminaba igual, Elena preparaba el mejor plato para Daniel y hablaba orgullosa de sus logros, mientras Mateo permanecía sentado en silencio escuchando cómo su madre describía a su hermano como el orgullo de la familia, aquella noche, sin embargo, algo diferente estaba a punto de ocurrir, porque Mateo había decidido que ya no podía seguir fingiendo que aquel favoritismo no le dolía, y frente a toda su familia estaba dispuesto a preguntarle a su madre por qué nunca había sido suficiente para ella.
CAPÍTULO 2: LA COMPARACIÓN QUE LO DESTRUYÓ
La reunión familiar comenzó como cualquier otra, todos estaban sentados en la sala conversando mientras Elena mostraba fotografías recientes de Daniel, hablaba de su trabajo, de sus proyectos y de los logros que había conseguido, Mateo permanecía en silencio observando cómo su madre sonreía cada vez que mencionaba a su hermano, finalmente decidió intervenir y le preguntó por qué nunca hablaba de las cosas que él había conseguido, Elena lo miró sorprendida y respondió que no entendía de qué estaba hablando, Mateo le recordó que había trabajado durante años para ayudarla, que había pagado algunas de sus cuentas cuando tuvo problemas económicos y que incluso había rechazado oportunidades personales para poder quedarse cerca de ella cuando más lo necesitaba, Daniel permaneció sentado sin decir una palabra, mientras Elena respondía que Mateo siempre exageraba sus sacrificios, aquella frase provocó que él bajara la mirada y respirara profundamente, entonces le preguntó si alguna vez había sentido orgullo por él, Elena respondió que por supuesto, pero inmediatamente agregó que Daniel siempre había sido diferente, más responsable, más inteligente y más decidido, Mateo sintió que aquellas palabras confirmaban todo lo que había pensado durante años, le dijo que no estaba preguntando quién era mejor, sino por qué ella necesitaba compararlos constantemente, Elena comenzó a molestarse y le pidió que no arruinara la reunión con sus problemas personales, Mateo respondió que aquello no era un problema personal, era algo que llevaba toda su vida soportando, entonces Elena defendió nuevamente a Daniel y dijo que él no tenía la culpa de que Mateo fuera tan inseguro, aquellas palabras provocaron un silencio absoluto en la habitación, Mateo miró a su hermano esperando que dijera algo, pero Daniel permaneció callado, entonces Mateo volvió a mirar a su madre y le preguntó si realmente podía decirle aquello después de todo lo que había hecho por ella, Elena respondió que nadie le había pedido que sacrificara su vida por la familia, y en ese momento Mateo sintió que todas las lágrimas que había guardado durante años estaban a punto de salir.
CAPÍTULO 3: LA HUMILLACIÓN FRENTE A TODOS
Mateo se levantó lentamente de su asiento y le dijo a Elena que no quería dinero, propiedades ni reconocimiento público, solamente quería sentir que su propia madre lo valoraba de la misma manera que valoraba a Daniel, pero Elena respondió que no podía obligarla a sentir algo que no sentía, aquella frase golpeó a Mateo con una fuerza enorme, porque era exactamente lo que había temido escuchar durante toda su vida, algunos familiares intentaron cambiar de tema, pero Mateo decidió continuar, le recordó a su madre que cuando Daniel tuvo problemas con su negocio fue él quien utilizó sus ahorros para ayudarlo, cuando Daniel necesitó un lugar donde quedarse fue él quien cedió parte de su habitación, y cuando Elena necesitó dinero para una operación fue Mateo quien vendió una de sus pertenencias más importantes para pagar parte de los gastos, Elena se quedó callada por unos segundos, pero luego dijo que eso era algo que un buen hijo debía hacer, Mateo sintió que aquellas palabras eran todavía más dolorosas que un insulto, porque todo lo que había hecho parecía no tener ningún valor para ella, entonces preguntó qué tendría que hacer para ser considerado un buen hijo, Elena respondió que debía dejar de compararse con Daniel, Mateo le dijo que era imposible no compararse cuando ella misma había creado aquella diferencia, Daniel finalmente levantó la mirada, pero continuó en silencio, Mateo se acercó a su madre y le preguntó si alguna vez había defendido su nombre cuando otros familiares hablaban mal de él, Elena respondió que no recordaba ninguna situación así, entonces Mateo comenzó a llorar y dijo que él sí recordaba todas las veces que ella había defendido a Daniel incluso cuando sabía que estaba equivocado, la tensión aumentó rápidamente y Elena perdió el control, le gritó que estaba cansada de escuchar sus quejas y que si tanto sufría por vivir allí podía marcharse, Mateo quedó paralizado, porque nunca imaginó que su propia madre pudiera decirle que se fuera delante de toda la familia, entonces Elena se acercó y, completamente alterada, le dio una bofetada, Mateo llevó lentamente la mano a su rostro y se quedó mirando a su madre con lágrimas en los ojos, nadie habló, y por primera vez Daniel bajó la cabeza avergonzado por lo que estaba sucediendo.
CAPÍTULO 4: EL HIJO QUE DECIDIÓ MARCHARSE
Después de la bofetada, Mateo permaneció inmóvil durante varios segundos, no respondió con violencia ni levantó la voz, simplemente miró a Elena y le preguntó si realmente había llegado el momento en que su propia madre prefería golpearlo antes que escucharlo, Elena comenzó a llorar, pero todavía estaba demasiado alterada para responder, Mateo tomó lentamente sus cosas y caminó hacia la puerta, mientras algunos familiares intentaban detenerlo, él les pidió que no lo hicieran, porque durante años había intentado permanecer cerca de una persona que parecía no querer verlo como un hijo igual a su hermano, Daniel finalmente se levantó y llamó a Mateo, pero él se detuvo sin darse la vuelta, Daniel le dijo que esperara, porque necesitaba hablar con él, Mateo respondió que ya no tenía nada que hablar, pero Daniel insistió, entonces le confesó algo que nadie esperaba, dijo que durante años también había visto cómo su madre lo favorecía y que aquello nunca le había parecido correcto, Mateo quedó sorprendido porque siempre había pensado que Daniel disfrutaba de aquella situación, Daniel explicó que muchas veces había intentado decirle a Elena que Mateo merecía el mismo reconocimiento, pero ella siempre respondía que era su forma de demostrarle amor, Mateo preguntó por qué nunca había intervenido delante de él, Daniel reconoció que había tenido miedo de perder el cariño de su madre, aquella confesión hizo que Mateo entendiera que la situación también había afectado a su hermano, pero todavía estaba demasiado herido para regresar, Elena escuchaba todo aquello llorando y comenzó a recordar cada momento en que había comparado a sus hijos, recordó las veces que había comprado algo para Daniel mientras le decía a Mateo que no podía gastar dinero, recordó los cumpleaños en los que había hablado solamente de uno de ellos y recordó aquella bofetada que acababa de darle, por primera vez sintió vergüenza de su propia conducta, pero Mateo ya estaba junto a la puerta, antes de salir se volvió y dijo que había pasado toda su vida intentando ser suficiente para ella, pero que ya no quería seguir viviendo buscando un amor que siempre parecía tener que ganarse, después abrió la puerta y se marchó, dejando a Elena completamente destruida.
CAPÍTULO 5: LA VERDAD QUE CAMBIÓ TODO
Al día siguiente, Elena comenzó a revisar algunas cajas antiguas que guardaba en su habitación, encontró fotografías de cuando sus hijos eran pequeños y empezó a recordar momentos que había olvidado, en una de las fotografías aparecía Mateo sosteniendo la mano de Daniel mientras ambos eran niños, y Elena recordó que incluso desde pequeño Mateo siempre había protegido a su hermano, también encontró cartas que Mateo le había escrito durante los años en que estuvo lejos trabajando, en ellas hablaba de cuánto la extrañaba y de cuánto deseaba regresar para ayudarla, Elena comenzó a llorar mientras leía cada palabra, porque comprendió que el hijo que había considerado menos importante había sido precisamente quien más veces había demostrado su amor, mientras tanto, Daniel decidió visitar a Mateo para hablar con él, le explicó que nunca había querido ser el favorito de su madre y que muchas veces se había sentido culpable por recibir cosas que Mateo no recibía, Mateo le preguntó por qué nunca había dicho la verdad, y Daniel respondió que había sido cobarde, porque tenía miedo de enfrentarse a Elena, los dos hermanos hablaron durante horas y por primera vez dejaron de verse como rivales, Daniel confesó que también estaba cansado de vivir bajo la presión de ser el hijo perfecto, porque cualquier error que cometía tenía que ocultarlo para no decepcionar a su madre, Mateo comprendió entonces que el favoritismo no solamente había herido a uno de los hermanos, sino que había creado una relación falsa entre los dos, Elena finalmente llegó a la casa de Mateo y pidió hablar con él, llevaba los ojos llenos de lágrimas y no llevaba ningún regalo ni excusa, solamente quería pedir perdón, Mateo la dejó entrar y permaneció en silencio mientras ella reconocía todo lo que había hecho, Elena admitió que había cometido el error de pensar que tratar diferente a sus hijos era una manera de demostrar cariño, pero que ahora entendía que había creado una herida profunda entre ellos, también reconoció que la bofetada había sido injustificable y que ninguna discusión podía justificar haberlo humillado de aquella manera, Mateo lloró mientras escuchaba a su madre, pero le dijo que el perdón no podía borrar inmediatamente tantos años de dolor, Elena respondió que no esperaba que todo cambiara en un día, solamente quería tener la oportunidad de demostrarle con hechos que podía aprender de sus errores.
CAPÍTULO 6: UNA FAMILIA QUE TUVO QUE APRENDER A AMAR POR IGUAL
Pasaron varios meses antes de que la relación entre los tres comenzara realmente a cambiar, Elena dejó de comparar a sus hijos y empezó a reconocer las cualidades de cada uno sin convertirlas en una competencia, Daniel también comenzó a acercarse más a Mateo y ambos descubrieron que habían perdido muchos años creyendo que eran rivales cuando en realidad podían haber sido grandes hermanos, Mateo todavía recordaba aquella bofetada y la humillación de aquella noche, pero poco a poco empezó a notar que su madre estaba intentando cambiar, no lo hacía con grandes discursos ni con regalos, sino con pequeños gestos, lo llamaba para preguntarle cómo estaba, escuchaba sus problemas y por primera vez le preguntaba qué quería para su propia vida, una tarde Elena reunió a sus dos hijos y les pidió que se sentaran frente a ella, les dijo que había comprendido una de las lecciones más dolorosas de su vida, que un padre puede querer a todos sus hijos y aun así hacerles daño cuando demuestra favoritismo, reconoció que había convertido el amor en una competencia y que durante años había hecho sentir a Mateo como si tuviera que ganarse un lugar que siempre debió pertenecerle, Mateo comenzó a llorar y le dijo que lo único que había querido desde niño era escuchar de su madre que estaba orgullosa de él, Elena se acercó y finalmente se lo dijo, pero esta vez no comparó a Mateo con Daniel, simplemente le dijo que estaba orgullosa de la persona en la que se había convertido, Daniel también abrazó a su hermano y le pidió perdón por haber permanecido callado durante tantos años, Mateo aceptó su disculpa y los tres comenzaron a llorar juntos, pero aquella familia nunca volvió a ser exactamente la misma, porque todos comprendieron que algunas palabras pueden dejar heridas más profundas que cualquier golpe, y que una bofetada puede durar solamente unos segundos, mientras que la humillación de sentirse menos amado puede permanecer durante toda una vida, por eso Elena decidió cambiar la manera en que trataba a sus hijos y prometió nunca volver a ponerlos a competir por su amor, desde entonces cada vez que alguien le preguntaba cuál de sus hijos era su favorito, ella respondía que una madre no debería tener favoritos, porque cada hijo necesita sentirse amado por quien es y no por lo que logra, y aquella familia finalmente entendió que el verdadero amor de una madre no debe dividirse entre sus hijos, sino demostrarse de manera justa, porque ningún niño debería crecer preguntándose por qué su hermano recibió el amor que él siempre estuvo esperando.