LA ENTREVISTA QUE COMENZÓ MAL
La oficina estaba tranquila aquella mañana cuando una mujer elegantemente vestida entró con un currículum en la mano, caminó por el pasillo con seguridad y comenzó a buscar al responsable de recursos humanos, cerca de la entrada una conserje limpiaba cuidadosamente el piso mientras llevaba su uniforme de trabajo y empujaba una cubeta, la mujer pasó junto a ella y se detuvo con una expresión de desprecio, luego levantó el currículum y preguntó dónde estaba el jefe, la conserje dejó de limpiar y respondió tranquilamente que podía indicarle dónde estaba la recepción, pero la mujer la interrumpió antes de que terminara de hablar, la miró de arriba abajo y le dijo que no tenía tiempo para perderlo con una empleada de limpieza, la conserje mantuvo la calma y le pidió que esperara un momento, pero la mujer señaló la cubeta que estaba en medio del pasillo y le ordenó que la quitara inmediatamente, la conserje comenzó a moverla mientras la mujer seguía esperando impacientemente, entonces la mujer preguntó nuevamente si no estaba escuchando, la conserje levantó la mirada y le dijo que estaba intentando ayudarla, pero la visitante respondió con arrogancia que había llegado para una entrevista importante y que no podía perder el tiempo con alguien como ella.
EL INSULTO QUE NADIE ESPERABA
La mujer dejó su currículum sobre una mesa cercana y volvió a mirar la cubeta, parecía molesta porque el pasillo no estaba completamente despejado, entonces decidió tomarla ella misma, la levantó bruscamente y la llevó hacia la conserje, la trabajadora le pidió que tuviera cuidado porque estaba llena de agua, pero la mujer respondió que no le importaba, luego, en un momento de completa arrogancia, levantó la cubeta y derramó toda el agua sobre la conserje, el uniforme de la trabajadora quedó empapado y algunos objetos de limpieza cayeron al suelo, la mujer se quedó mirándola con desprecio y le dijo que quizás así aprendería a escuchar cuando alguien le hablaba, la conserje permaneció inmóvil durante unos segundos, completamente mojada, pero no respondió con insultos ni perdió la calma, simplemente tomó una toalla y comenzó a secarse, la visitante pensó que había ganado la discusión y volvió a recoger su currículum, entonces caminó hacia la recepción convencida de que pronto estaría sentada frente al jefe de la empresa, sin imaginar que acababa de cometer el peor error de su vida profesional, porque la persona a la que acababa de humillar no era una simple empleada, era precisamente la mujer que tenía autoridad para decidir quién podía trabajar en aquella empresa.
LA VERDAD SALIÓ A LA LUZ
La conserje dejó lentamente la toalla sobre una mesa y observó a la mujer mientras se alejaba, después caminó hacia ella y le pidió que esperara, la visitante giró molesta y preguntó qué quería ahora, la conserje señaló el currículum que llevaba en la mano y le preguntó si había venido a aquella empresa buscando empleo, la mujer respondió con orgullo que sí, que tenía una entrevista muy importante y que estaba segura de conseguir el puesto, entonces la conserje extendió la mano y le pidió el currículum, la mujer se lo entregó sin entender por qué se lo estaba solicitando, la conserje miró rápidamente el documento y después levantó la mirada, con una tranquilidad que hizo desaparecer la sonrisa de la visitante, le dijo que acababa de cometer un error que jamás podría corregir con una disculpa, la mujer preguntó de qué estaba hablando, entonces la conserje tomó su teléfono y realizó una llamada breve, pidió que cancelaran inmediatamente la entrevista y que nadie procesara aquella solicitud, la visitante quedó confundida y preguntó quién era ella para tomar semejante decisión, la conserje respiró profundamente y respondió que era la persona que había fundado aquella empresa, la mujer se quedó completamente paralizada, miró el uniforme mojado, después miró el edificio y finalmente volvió a mirar a la mujer que acababa de humillar, sin poder creer lo que acababa de escuchar.
LA JEFA ESTABA FRENTE A ELLA
La visitante pensó que se trataba de una broma, pero la conserje sacó una identificación de su bolsillo y se la mostró, allí aparecía su fotografía junto al cargo de directora general de la compañía, la mujer abrió los ojos sorprendida y comenzó a tartamudear una disculpa, explicó que no sabía quién era y que pensaba que solamente era una empleada de limpieza, pero la directora respondió que precisamente ese era el problema, había tratado a una persona con desprecio simplemente porque creyó que tenía un cargo inferior al suyo, la visitante intentó justificar lo ocurrido diciendo que estaba nerviosa por la entrevista y que había tenido una mañana difícil, pero la directora le explicó que ninguna circunstancia justificaba humillar a otra persona, especialmente dentro de una empresa que valoraba el respeto, entonces tomó nuevamente el currículum y lo observó durante unos segundos, le dijo que sus estudios y experiencia parecían interesantes, pero que una empresa no necesitaba solamente personas con buenos títulos, también necesitaba empleados capaces de tratar dignamente a quienes los rodeaban, la visitante bajó la mirada y comprendió que la entrevista que había imaginado como el comienzo de una nueva etapa profesional acababa de terminar antes de empezar, la directora le devolvió el currículum y le dijo que ya no estaba interesada en contratarla, la mujer preguntó si realmente la estaba rechazando por lo ocurrido, y la directora respondió que no la estaba rechazando por haber confundido su identidad, sino por haber demostrado cómo trataba a alguien cuando pensaba que esa persona no podía beneficiarla.
UNA LECCIÓN MÁS IMPORTANTE QUE EL CARGO
La mujer comenzó a disculparse sinceramente y reconoció que había actuado de manera horrible, dijo que se dejó llevar por su apariencia y que jamás imaginó que aquella trabajadora fuera la dueña de la compañía, la directora la miró fijamente y le respondió que esperaba que algún día comprendiera que el respeto no debía depender del cargo de una persona, porque una conserje merecía el mismo trato digno que un gerente, un ejecutivo o el propietario de una empresa, la visitante miró nuevamente el agua que todavía quedaba en el piso y se dio cuenta de que había causado aquella situación únicamente por sentirse superior, tomó un paño y comenzó a ayudar a limpiar el lugar, la directora observó en silencio y después le dijo que no necesitaba limpiar para conseguir el empleo, necesitaba entender por qué había actuado así, la mujer respondió que había aprendido una lección que probablemente recordaría durante toda su vida, porque había llegado creyendo que debía impresionar a una empresa y terminó demostrando exactamente el tipo de persona que era cuando nadie importante parecía estar observándola, la directora le explicó que muchas personas cometen el mismo error, creen que la ropa determina el valor de alguien y olvidan que detrás de cada uniforme existe una persona con una historia, una familia y una dignidad, la mujer pidió una última disculpa y reconoció que había sido injusta, la directora aceptó sus palabras, pero le dijo que el puesto ya no estaba disponible para ella, porque la confianza era demasiado importante para aquella empresa.
EL CURRÍCULUM QUE TERMINÓ EN SUS MANOS
Antes de marcharse, la mujer se detuvo en la puerta y miró nuevamente a la directora, ya no veía a una simple conserje, veía a la mujer que había construido aquella compañía desde cero, la directora le devolvió el currículum y le dijo que esperaba que no olvidara aquella experiencia cuando volviera a buscar trabajo en otro lugar, la mujer asintió y salió de la oficina con la cabeza baja, mientras la directora regresaba a su trabajo, se quitó el uniforme mojado y continuó con su día como si nada hubiera ocurrido, pero aquella historia quedó como una de las lecciones más importantes dentro de la empresa, porque desde ese momento todos entendieron que la directora no quería empleados que trataran bien solamente a las personas poderosas, quería personas capaces de respetar a todos por igual, días después, la mujer que había llegado con tanta arrogancia regresó para disculparse nuevamente, esta vez sin maquillaje de superioridad ni actitud desafiante, solamente llevaba una expresión sincera, la directora escuchó sus palabras y le dijo que esperaba que realmente hubiera aprendido algo, porque perder una oportunidad de trabajo podía ser doloroso, pero perder la oportunidad de convertirse en una mejor persona podía ser mucho peor, la mujer agradeció la enseñanza y se marchó, mientras la directora observaba desde la ventana, luego volvió a ponerse sus zapatos, tomó sus documentos y caminó por los pasillos de su empresa, sabiendo que aquel día había confirmado algo que siempre había defendido, ninguna persona debía ser juzgada por el uniforme que llevaba, porque aquella mujer había entrado buscando una entrevista importante y había terminado descubriendo demasiado tarde que la verdadera entrevista había comenzado desde el momento en que cruzó la puerta.