La llamada de la mujer que había muerto.

Joon-ho llevaba exactamente un año intentando acostumbrarse al silencio de su apartamento. Desde la muerte de su esposa, Soo-yeon, había conservado casi todo como estaba, porque cambiar las cosas le parecía una forma de aceptar que ella realmente se había ido. Aquella noche estaba sentado solo en la sala, mirando una vieja fotografía de ambos, cuando su teléfono comenzó a sonar sobre la mesa. Al principio no le prestó atención, pero cuando miró la pantalla, su corazón se detuvo. El nombre que aparecía en ella era “Soo-yeon”. Joon-ho quedó inmóvil. Había guardado aquel número durante meses, aunque sabía perfectamente que nadie podía llamarlo desde él. Su esposa había muerto exactamente un año atrás. Pensó que podía tratarse de un error del teléfono, pero la llamada continuó. Con las manos temblorosas, respondió. Durante un segundo no escuchó nada. Entonces oyó una respiración suave y una voz que conocía mejor que la suya. —Joon-ho… no abras la puerta. Él se quedó sin palabras. Miró hacia la entrada del apartamento justo cuando escuchó tres golpes lentos. Toc. Toc. Toc. Joon-ho volvió a mirar el teléfono. —¿Soo-yeon? La voz respondió inmediatamente: —No confíes en quien está afuera. Joon-ho sintió que el miedo le recorría todo el cuerpo. Un año atrás había sostenido la mano de su esposa mientras los médicos confirmaban su muerte. Había visto su funeral. Había guardado sus pertenencias. Sabía que ella estaba muerta. Sin embargo, en ese momento estaba escuchando su voz al otro lado de una llamada.

La advertencia

Joon-ho retrocedió lentamente mientras los golpes de la puerta se repetían. No eran golpes violentos. Eran tranquilos, casi educados, como si la persona que estaba afuera supiera que él estaba allí y simplemente estuviera esperando. —¿Quién eres? —preguntó Joon-ho con la voz temblorosa. Nadie respondió. Miró nuevamente la pantalla del teléfono y comprobó que la llamada seguía conectada. —Soo-yeon, ¿eres realmente tú? Durante unos segundos solo escuchó silencio. Después ella respondió con una voz mucho más baja. —Sí. Joon-ho cerró los ojos. Aquella voz era exactamente igual. No era una grabación. Podía escuchar su respiración y hasta la pequeña pausa que Soo-yeon hacía antes de pronunciar ciertas palabras. —Pero tú moriste —dijo él. Ella respondió: —Lo sé. La respuesta lo dejó aún más confundido. Joon-ho preguntó cómo podía estar llamándolo, pero Soo-yeon no contestó. En lugar de eso, le pidió que revisara la fotografía que estaba sobre la mesa. Joon-ho la tomó y observó la imagen. Era una fotografía tomada dos semanas antes de la muerte de su esposa. Ambos estaban sonriendo frente a un restaurante. —Mírala con cuidado —dijo Soo-yeon. Joon-ho acercó la fotografía a la luz. Al principio no vio nada extraño. Luego notó algo reflejado en la ventana detrás de ellos. Era la silueta de un hombre que parecía estar observándolos. Joon-ho sintió un escalofrío. Nunca había notado aquella figura. —¿Quién es? —preguntó. Soo-yeon tardó en responder. Finalmente dijo: —Ese hombre sabía que yo iba a morir.

El secreto de la fotografía

Joon-ho se quedó mirando la fotografía mientras los golpes de la puerta cesaban. Durante varios segundos no escuchó absolutamente nada. La voz de Soo-yeon volvió a sonar. Le pidió que buscara una pequeña caja que estaba escondida en el fondo del armario de su habitación. Joon-ho preguntó por qué nunca le había hablado de ella. Soo-yeon respondió que no podía hacerlo mientras estaba viva porque alguien podía estar escuchando. La explicación hizo que Joon-ho sintiera todavía más miedo. Entró en la habitación y abrió el armario. Después de mover varias cajas encontró una pequeña caja de madera que nunca había visto. La abrió y encontró una memoria USB, varias fotografías y una hoja doblada. En la hoja había escrito una frase: “Si estás leyendo esto, significa que no pude explicártelo personalmente”. Joon-ho sintió que las piernas comenzaban a temblarle. Preguntó a Soo-yeon qué contenía la memoria. Ella respondió que allí estaba la verdad sobre su muerte. Joon-ho recordó entonces que la muerte de su esposa había sido considerada un accidente de tránsito. Según el informe, ella había perdido el control de su vehículo durante una noche lluviosa. Pero nunca había entendido por qué, si la carretera estaba prácticamente vacía, su automóvil había terminado chocando contra una barrera. Soo-yeon le dijo que no había sido un accidente. Había descubierto algo relacionado con una empresa para la que trabajaba y alguien había intentado silenciarla. Joon-ho quiso saber quién era esa persona, pero la llamada comenzó a presentar interferencias. La voz de Soo-yeon se volvió débil. Antes de desaparecer por unos segundos, dijo una frase que dejó a Joon-ho completamente paralizado: —La persona que está afuera no vino a matarte. Vino a recuperar la memoria.

El hombre detrás de la puerta

Joon-ho miró hacia la entrada. La puerta permanecía cerrada. No sabía qué significaba la última frase de su esposa. Entonces escuchó nuevamente los golpes. Esta vez fueron dos golpes suaves. Después una voz masculina dijo desde el otro lado: —Joon-ho, abre. Necesitamos hablar. Joon-ho no reconoció la voz. Se acercó unos pasos, pero no abrió. Preguntó quién era. El hombre respondió que conocía a Soo-yeon y que tenía información sobre su muerte. Joon-ho sintió una mezcla de miedo y rabia. Le preguntó cómo conocía a su esposa. El hombre dijo que había trabajado con ella y que llevaba un año intentando encontrarlo. Joon-ho miró el teléfono. La llamada seguía activa. —Soo-yeon, ¿lo conoces? La respuesta llegó inmediatamente. —Sí. Joon-ho preguntó quién era. Soo-yeon dijo que aquel hombre había intentado ayudarla antes de su muerte. Entonces el hombre volvió a hablar desde el pasillo y dijo que no quería hacerle daño. Solo necesitaba entregarle algo que había pertenecido a Soo-yeon. Joon-ho preguntó qué era. El hombre respondió: —La grabación de la última conversación que ella tuvo antes del accidente. Joon-ho sintió que el aire desaparecía de la habitación. Si aquella grabación existía, podía demostrar que la muerte de Soo-yeon no había sido accidental. Pero también significaba que alguien había estado ocultando la verdad durante un año. Joon-ho miró nuevamente la memoria USB que tenía en la mano. De repente comprendió que aquella memoria y la grabación podían estar relacionadas. Sin embargo, antes de poder decidir qué hacer, escuchó a Soo-yeon decir algo que nunca esperaba escuchar: —No le abras todavía.

La verdad que nadie contó

Joon-ho preguntó por qué debía desconfiar de aquel hombre si ella misma había dicho que intentó ayudarla. Soo-yeon guardó silencio durante varios segundos. Después respondió que algunas personas podían ayudar por las razones equivocadas. Joon-ho sintió que cada respuesta generaba una pregunta nueva. Abrió lentamente la computadora y conectó la memoria USB. Dentro había varios archivos. Uno de ellos tenía la fecha del día anterior a la muerte de Soo-yeon. Joon-ho lo abrió. Apareció una grabación de seguridad donde se veía a Soo-yeon entrando en un edificio. Después aparecía el mismo hombre de la fotografía. Pero había algo más. En los últimos segundos de la grabación aparecía Joon-ho entrando al mismo edificio. Él quedó completamente confundido. No recordaba haber estado allí. Entonces Soo-yeon preguntó si él podía recordar aquella noche. Joon-ho comenzó a sentir un fuerte dolor de cabeza. Poco a poco apareció un recuerdo que había permanecido enterrado. Recordó haber discutido con Soo-yeon en aquel edificio. Recordó que ella le había entregado un sobre y le había pedido que lo escondiera. Pero después el recuerdo se cortaba. Joon-ho miró la pantalla con lágrimas en los ojos. —¿Por qué no recuerdo esto? —preguntó. Soo-yeon respondió que después del accidente él había sufrido un golpe y que algunos recuerdos habían desaparecido. Joon-ho se quedó paralizado. Había pasado un año creyendo que solamente había perdido a su esposa, pero ahora descubría que también había perdido parte de su propia memoria. De pronto, el hombre de la puerta dijo que necesitaba contarle toda la verdad. Y entonces Soo-yeon pronunció una frase que cambió completamente la situación: —Joon-ho, no confíes ni siquiera en mí.

El comienzo de la verdad

Joon-ho dejó caer lentamente la memoria sobre la mesa. La voz de su esposa seguía al otro lado del teléfono, pero ahora ya no sabía qué creer. Le preguntó por qué había dicho que no confiara en ella. Soo-yeon tardó en responder. Finalmente explicó que aquella llamada no estaba ocurriendo en el presente. Era una grabación programada que había preparado antes de morir, diseñada para activarse exactamente un año después de su muerte. Joon-ho quedó en silencio. La voz que había escuchado durante toda aquella noche no era realmente una llamada desde el más allá. Era un mensaje que Soo-yeon había preparado para él, utilizando grabaciones de conversaciones anteriores y una serie de instrucciones que solamente él podría comprender. La voz que había parecido responder a sus preguntas era parte de una grabación interactiva preparada para anticipar sus reacciones. Joon-ho sintió una mezcla de alivio y tristeza. Su esposa realmente estaba muerta, pero había dejado una última oportunidad para que él descubriera la verdad. El hombre que estaba afuera volvió a hablar y dijo que había llegado el momento de entregarle la grabación original. Joon-ho abrió finalmente la puerta, pero no encontró a un asesino. Encontró a un antiguo compañero de Soo-yeon sosteniendo un pequeño dispositivo. El hombre se lo entregó y le dijo que Soo-yeon había descubierto una red de corrupción que involucraba a personas poderosas y que había preparado pruebas antes de morir. Joon-ho comprendió entonces por qué ella había ocultado información incluso después de su muerte. No quería que nadie pudiera obligarlo a revelar lo que sabía. Mientras escuchaba la verdadera grabación, Joon-ho lloró en silencio. La última voz real de Soo-yeon apareció en el dispositivo: “Si algún día escuchas esto, significa que finalmente estás listo para conocer la verdad”. Joon-ho cerró los ojos. Había pasado un año pensando que su historia con ella había terminado aquella noche. Ahora entendía que su esposa había dejado una última misión: descubrir quién provocó su muerte y asegurarse de que la verdad no volviera a ser enterrada.

Deja un comentario