¡PAPÁ, ENCONTRÉ EL CONTRATO!… ¿DÓNDE ESTÁ TODO EL DINERO?

La cena familiar parecía tranquila hasta que Yuna dejó un sobre sobre la mesa y miró directamente a su padre. Durante semanas había sospechado que algo extraño estaba ocurriendo con la casa familiar, pero aquella noche finalmente había encontrado los documentos que necesitaba para confirmar sus dudas. Su padre, Joon, levantó la mirada y vio el contrato. —¡Encontré tu contrato! ¡Vendiste la casa sin decirnos! Joon dejó lentamente los cubiertos y respondió con firmeza: —¡Esa casa es mía y yo decido qué hacer con ella! El hermano menor, Min, dejó de comer y miró a ambos con sorpresa. —¡Pero dijiste que nunca la venderías! Yuna abrió el sobre y sacó otro documento. Lo colocó sobre la mesa. —¡También encontré esta cuenta! ¿Dónde está todo ese dinero? El rostro de Joon cambió inmediatamente.

EL CONTRATO QUE NADIE DEBÍA ENCONTRAR

La casa había pertenecido a la familia durante décadas. Allí habían crecido los hijos, allí habían vivido sus padres y allí también habían pasado los últimos años de la abuela. Por eso, cuando Joon anunció que pensaba conservarla para siempre, todos le creyeron. Pero Yuna había comenzado a notar cosas extrañas. Primero desaparecieron algunos documentos. Después recibió una llamada de una agencia inmobiliaria preguntando por una propiedad que, según ella, jamás había sido puesta en venta. Cuando enfrentó a su padre, él aseguró que se trataba de un error. Yuna no quedó convencida. Comenzó a buscar por su cuenta y finalmente encontró un contrato firmado. La casa había sido vendida. Y el dinero recibido era una cantidad mucho mayor de la que cualquiera de ellos esperaba. —¡No tienes derecho a revisar mis cosas! —gritó Joon. Yuna respondió inmediatamente: —¡Es nuestra familia! ¡Tengo derecho a saber qué hiciste con la casa! Min observaba la discusión cada vez más confundido. —Papá… ¿por qué nos mentiste? Joon no respondió.

LA CUENTA QUE REVELÓ EL SECRETO

Yuna colocó el documento bancario sobre la mesa. Había una transferencia enorme. El dinero había entrado en una cuenta relacionada con la venta de la propiedad, pero después había desaparecido. Yuna señaló el documento. —¿Dónde está todo ese dinero? Joon se levantó de la silla. —¡Ya te dije que no tienes derecho a preguntarme eso! —¡Entonces dinos la verdad! —respondió Yuna. Min también se levantó. —¡Papá, basta! ¡Nos dijiste que ese dinero era para pagar las deudas de la familia! Joon miró a su hijo. —Min, no sabes de qué estás hablando. —¡Entonces explícame! El comedor quedó en silencio durante un instante. Yuna miró a su padre. —¿A quién le diste el dinero? Joon bajó la mirada. Por primera vez desde que comenzó la discusión, parecía haber perdido toda su seguridad.

“ESE DINERO NO ERA PARA MÍ”

Joon volvió a sentarse lentamente. Yuna esperaba una respuesta. Min también. Finalmente, Joon habló con una voz mucho más baja. —Ese dinero… no era para mí. Yuna frunció el ceño. —¿Entonces para quién era? Joon levantó lentamente la mirada hacia la puerta. No respondió. Min preguntó nuevamente: —Papá, ¿quién recibió el dinero? Joon permaneció callado. Yuna tomó el contrato y comenzó a revisar nuevamente las páginas. Entonces encontró algo que no había visto antes. Una segunda firma. Una firma que no pertenecía a su padre. Yuna se quedó completamente inmóvil. —¿Quién es esta persona? Joon cerró los ojos. Min se acercó para mirar el documento. —Yo conozco ese nombre. Yuna levantó la cabeza. —¿Cómo? Min respondió lentamente: —Porque ese nombre estaba en una fotografía que encontré en la habitación de la abuela. El rostro de Joon cambió completamente.

LA PERSONA QUE TODOS CREÍAN LEJOS

Yuna preguntó qué fotografía era. Min explicó que había encontrado una imagen antigua escondida dentro de un libro. En ella aparecía la abuela junto a una persona desconocida. Pero detrás de la fotografía había un nombre. El mismo nombre que aparecía en el contrato. Yuna miró a su padre. —¿Quién es? Joon no respondió. —¡Papá, contéstame! Joon finalmente dijo que aquella persona pertenecía a una parte de la historia familiar que todos habían intentado olvidar. Yuna preguntó por qué. Joon respondió que muchos años atrás había ocurrido algo que destruyó la relación entre varios miembros de la familia. Pero antes de que pudiera explicar más, alguien llamó a la puerta. Todos quedaron inmóviles. Tres golpes. Lentos. Fuertes. Min miró a su padre. —¿Esperabas a alguien? Joon negó con la cabeza. Yuna se acercó lentamente a la puerta. —¿Quién es? Nadie respondió.

Entonces se escuchó una voz desde el otro lado. —Joon… tenemos que hablar. El rostro del padre perdió completamente el color. Yuna se giró hacia él. —¿Quién es? Joon permaneció inmóvil. La persona detrás de la puerta volvió a hablar: —Vendiste la casa, pero olvidaste una cosa. Yuna abrió los ojos con sorpresa. —¿Qué cosa? La voz respondió: —La verdad todavía está dentro de esa casa. Yuna miró a su padre. Min retrocedió lentamente. Joon se levantó de la silla. Y entonces comprendieron que la venta de la casa no era el verdadero secreto. El verdadero secreto estaba escondido dentro de aquellas paredes desde hacía muchos años. La puerta comenzó a abrirse lentamente. Y justo antes de que pudieran ver quién estaba detrás, todo quedó en silencio.

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