El taller donde quedó enterrado el dolor de una familia

La lluvia golpeaba con fuerza las calles de Seúl mientras las luces del viejo taller mecánico Kang permanecían encendidas en una zona industrial casi vacía. Durante más de treinta años, aquel lugar había sido el orgullo de la familia Kang. Entre motores, herramientas y vehículos antiguos, el padre había construido un pequeño negocio que le permitió criar a sus hijos y mantener un hogar. Pero con el paso del tiempo, el taller dejó de ser un lugar de trabajo y se convirtió en un espacio lleno de recuerdos dolorosos. En una esquina permanecía estacionado un automóvil antiguo cubierto de polvo. Nadie podía tocarlo. Nadie podía moverlo. Era el vehículo que perteneció a Kang Hyun-woo, el hijo mayor de la familia que murió diez años atrás en un accidente que cambió para siempre la vida de todos. Para el padre, Kang Dae-sik, aquel automóvil era la última conexión con su hijo perdido. Para su hija menor, Kang Soo-jin, era una prueba de que su padre había pasado diez años viviendo en el pasado mientras ignoraba a la familia que todavía estaba con él. Soo-jin había evitado entrar al taller durante mucho tiempo. Cada vez que veía las puertas abiertas sentía que regresaba a la misma noche en que perdió a su hermano y también perdió al padre que conocía. Después del accidente, Dae-sik cambió completamente. Dejó de hablar, dejó de sonreír y convirtió el taller en su único refugio. Mientras Soo-jin intentaba reconstruir su vida, su padre seguía reparando el automóvil de Hyun-woo una y otra vez, como si algún día pudiera verlo entrar por la puerta. Esa noche, Soo-jin regresó al taller después de descubrir que su padre había rechazado vender el negocio para pagar una deuda familiar. Al entrar, encontró a Dae-sik trabajando solo bajo las luces frías del lugar. Sus manos estaban llenas de aceite mientras arreglaba el viejo automóvil. Dentro del vehículo había una fotografía familiar pegada en el tablero. Era una imagen de los cuatro juntos antes de la tragedia. Soo-jin observó la fotografía durante unos segundos y sintió cómo la tristeza se transformaba en rabia. Para ella, esa imagen representaba una familia que ya no existía. Se acercó al automóvil, arrancó la fotografía y la rompió frente a su padre. El sonido del papel rompiéndose fue más fuerte que la lluvia. Dae-sik levantó la mirada

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