LO HUMILLÓ POR SU APARIENCIA… SIN SABER QUIÉN ERA REALMENTE

El hombre mayor entró en la lujosa tienda vestido con ropa sencilla. Apenas se acercó a la vitrina, la empleada lo miró de arriba abajo y comenzó a humillarlo delante de los demás clientes. Él intentó explicarle que buscaba un regalo, pero ella se burló y le dijo que fuera a una tienda que pudiera pagar. El hombre permaneció tranquilo, sacó una pequeña caja de su bolsillo y preguntó si estaba segura de querer que se marchara. En ese momento, el gerente entró corriendo y lo saludó con respeto. La empleada quedó paralizada al descubrir que aquel hombre era la persona que todos estaban esperando.
Pero lo que nadie sabía era que el anciano no había ido allí solamente para comprar un reloj. El gerente lo llevó a una oficina privada y cerró la puerta. Entonces le entregó una carpeta llena de informes.
—Señor, encontramos algo más —dijo preocupado.
El hombre abrió la carpeta y descubrió varias quejas de clientes que aseguraban haber sido tratados de la misma manera por la empleada. Durante meses, muchas personas habían sido humilladas por su apariencia y se habían marchado sin comprar nada.
El hombre volvió lentamente al salón y llamó a la empleada.
—¿Sabe por qué vine hoy?
Ella negó con la cabeza, completamente nerviosa.
El anciano sacó un documento y lo colocó sobre el mostrador.
—Porque esta tienda pertenece a mi familia. Y hoy vine a decidir quién seguirá trabajando aquí.
La mujer quedó completamente en silencio.
El hombre la miró fijamente y añadió:
—Usted no perdió una venta hoy. Perdió la oportunidad de demostrar que merecía estar detrás de ese mostrador.
El gerente recibió una última instrucción. El anciano tomó la caja que llevaba consigo y salió de la tienda.
Dentro había un reloj que pensaba regalarle a la empleada que tratara con respeto al siguiente cliente.
Pero después de lo ocurrido, decidió entregárselo a la persona que entrara por la puerta.
Porque esa persona también estaba a punto de ser juzgada por su apariencia.

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