La tormenta golpeaba las ventanas de la antigua casa familiar en Seúl cuando Han Seo-jun regresó después de varios años sin hablar con su madre. Había pasado demasiado tiempo intentando olvidar las discusiones, las mentiras y las preguntas que nunca recibieron respuesta. Desde pequeño había creído que su padre había muerto cuando él apenas tenía catorce años. Su madre siempre le contó la misma historia: una noche salió de casa y nunca regresó. Según ella, la policía nunca pudo encontrarlo y después de varios años tuvieron que aceptar que probablemente había muerto. Seo-jun creció con esa explicación y aprendió a vivir con la ausencia. Pero hacía unos días encontró algo que cambió todo. Mientras buscaba documentos antiguos de la familia, descubrió una fotografía escondida detrás de un mueble. En ella aparecía su padre junto a una persona que no reconocía. Detrás de la fotografía había una fecha reciente. Demasiado reciente para que su padre estuviera muerto. Seo-jun regresó a la casa esa noche decidido a descubrir la verdad. Cuando entró, encontró a su madre sentada en la sala. Sobre una mesa había una pequeña caja de madera que nunca había visto. Seo-jun la tomó y observó que tenía una cerradura antigua. Su madre se puso de pie inmediatamente al verla. —¿Dónde encontraste eso? —preguntó con miedo. Seo-jun la miró fijamente. —En tu habitación. ¿Qué escondes aquí? La madre intentó quitársela, pero él retrocedió. Había algo en la expresión de ella que confirmó sus sospechas. Aquella caja era importante. —¡Encontré esto escondido en tu habitación! ¡Ahora dime por qué me mentiste toda mi vida! La madre comenzó a llorar. —¡Porque si abrías esa caja, nuestra familia estaría en peligro! Seo-jun abrió la caja sin escucharla. Dentro encontró una fotografía antigua y una llave. Tomó la fotografía y sintió que el corazón se le detenía. Era su padre. Pero la fecha escrita detrás demostraba que la imagen había sido tomada mucho después de la supuesta muerte. Seo-jun miró a su madre. —¡Me dijiste que mi padre murió hace veinte años! La madre intentó quitarle la fotografía. —¡Tu padre no murió! Durante unos segundos, Seo-jun no pudo reaccionar. Toda su vida acababa de convertirse en una mentira.
La mentira que duró veinte años
Seo-jun dejó caer lentamente la fotografía sobre la mesa. Miró a su madre como si estuviera viendo a una desconocida. —¿Dónde está? La madre no respondió. —Te hice una pregunta. ¿Dónde está mi padre? Ella comenzó a temblar. —No puedo decírtelo. —¡Después de veinte años todavía no puedes decírmelo! —gritó Seo-jun. La madre intentó explicarse. Dijo que cuando su esposo desapareció, la familia había recibido amenazas. Alguien les exigió que nunca intentaran buscarlo. Si lo hacían, Seo-jun podía convertirse en el siguiente objetivo. La madre creyó que la única forma de mantenerlo vivo era hacerle creer que su padre estaba muerto. Pero esa explicación no calmó al hijo. Al contrario, aumentó su rabia. —¿Así que me hiciste llorar durante veinte años por un hombre que estaba vivo? —Lo hice para protegerte. —¡No! ¡Lo hiciste porque decidiste que yo no tenía derecho a conocer la verdad! La madre bajó la cabeza. Había guardado ese secreto durante tanto tiempo que ya no sabía cómo vivir sin él. Seo-jun comenzó a revisar la caja. Encontró una llave pequeña y una hoja doblada con una dirección escrita a mano. —¿Qué abre esta llave? La madre levantó la mirada aterrorizada. —No vayas allí. Seo-jun sintió que la respuesta confirmaba que había encontrado algo importante. —¿Qué hay en esa dirección? —Nada que pueda ayudarte. —Entonces ¿por qué tienes una llave? La madre no respondió. Seo-jun apretó los puños. —Durante veinte años pensé que mi padre estaba muerto. Ahora descubro que está vivo y que tú sabes dónde encontrarlo. ¿Qué más me has ocultado? La madre comenzó a llorar. —Más de lo que puedes imaginar. Esa frase hizo que Seo-jun comprendiera que la desaparición de su padre era solamente una parte de la historia.
El secreto detrás de la fotografía
Seo-jun volvió a mirar la fotografía. Había algo extraño en ella. Su padre aparecía serio, pero junto a él había un hombre desconocido. En la parte inferior de la imagen podía verse un símbolo que Seo-jun recordaba de su infancia. Era el mismo símbolo que aparecía en algunos documentos guardados por su padre. —¿Quién es ese hombre? —preguntó. La madre guardó silencio. —¡Te estoy preguntando quién es! —No puedo decirte su nombre. —¿Por qué? —Porque si sabes quién es, también sabrán que encontraste la caja. Seo-jun sintió un escalofrío. —¿Quiénes? La madre miró hacia las ventanas. La lluvia golpeaba el vidrio con más fuerza. —Las personas que hicieron desaparecer a tu padre. Seo-jun se quedó inmóvil. —Entonces él no se fue por voluntad propia. La madre negó con la cabeza. —Lo obligaron. —¿Y tú qué hiciste? La pregunta provocó un silencio profundo. Finalmente, la madre respondió: —Yo lo ayudé a desaparecer. Seo-jun retrocedió. —¿Tú? —Si no lo hacía, te habrían matado. —¿Y mi padre aceptó dejarme pensando que estaba muerto? La madre cerró los ojos. —Fue la única manera de mantenerte con vida. Seo-jun sintió que las lágrimas comenzaban a caer. Durante años había odiado a un padre que pensaba que lo había abandonado. Había llorado su muerte y culpado a la vida por haberle quitado la oportunidad de despedirse. Ahora descubría que aquel hombre había elegido desaparecer para protegerlo. Pero una pregunta seguía sin respuesta. —Si todo eso es verdad, ¿por qué regresó ahora? La madre no contestó. Seo-jun volvió a mirar la fotografía. La fecha era de apenas unos días atrás. Eso significaba que su padre había estado cerca. Muy cerca.
El hombre que regresó
Seo-jun miró a su madre directamente. —¿Cuándo fue la última vez que viste a mi padre? Ella tardó en responder. —Hace tres días. El rostro de Seo-jun cambió por completo. —¿Estuvo aquí? La madre asintió lentamente. —Entró durante la madrugada. —¿Y tú no me llamaste? —Me pidió que no lo hiciera. —¿Por qué? La madre comenzó a llorar. —Porque sabía que vendrías a buscarlo. Seo-jun tomó la fotografía nuevamente. —¿Qué quería? La madre respiró profundamente. —Quería recuperar algo que dejó aquí hace veinte años. Seo-jun miró la caja. —¿Esto? Ella asintió. —Sí. —¿Qué hay realmente dentro? La madre negó con la cabeza. —No lo sé. Tu padre nunca me dijo qué significaba. Seo-jun miró la pequeña llave. Entonces entendió que aquella llave probablemente abría algo mucho más importante que una caja. —¿Dónde está ahora? —preguntó. La madre comenzó a llorar. —No lo sé. —¡Mamá! ¡Después de veinte años tengo derecho a saberlo! La madre lo miró con una expresión de profundo miedo. —Está vivo… y acaba de regresar para vengarse de nosotros. Seo-jun quedó paralizado. —¿Vengarse de nosotros? —Sí. —¿Por qué? La madre abrió la boca para responder, pero en ese instante se escuchó un fuerte golpe en la puerta principal. Ambos quedaron completamente inmóviles. Otro golpe hizo temblar la casa. Seo-jun miró hacia la entrada. —¿Quién es? La madre palideció. Sabía perfectamente quién estaba detrás de aquella puerta. Seo-jun caminó lentamente hacia ella. Su madre lo sujetó del brazo. —No abras. —¿Por qué? Ella lo miró con lágrimas en los ojos. —Porque si es quien creo que es… nuestra familia nunca volverá a ser la misma. Un tercer golpe retumbó dentro de la casa. Seo-jun miró la caja, la fotografía y la puerta. Durante veinte años había creído que su padre estaba muerto. Ahora sabía que estaba vivo. Y alguien estaba parado al otro lado de aquella puerta. Alguien que podía conocer toda la verdad. Seo-jun tomó lentamente la llave mientras la tormenta continuaba afuera. Entonces la cerradura de la puerta comenzó a moverse desde el otro lado.